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6 ago 2015

La patria, las élites y el sentido común

En España siempre tuvimos un problema con las élites a las que percibimos escuálidas, frágiles y ralas en comparación con vecinos de nuestra envergadura. Ortega que reflexionó mucho, a veces con acierto, sobre los problemas de nuestro colectivo nacional vino a decir en cierta ocasión (no tengo la cita a mano) que lo trágico de España no es que la inquisición quemara a los heterodoxos importantes sino que no hubiera importantes heterodoxos que quemar y cuando apareció alguno de fuste, como Servet, nos lo quemaron fuera. Seguro que no conservé la literalidad ni el tono pero sí el contenido. De la escasez de créme, aunque sea de heterodoxos, hoy podríamos echarle la culpa al sistema educativo y ratificarlo con las evaluaciones PISA. Pero ¿Y cuando no existía PISA ni enseñanza reglada alguna que echarse a la boca, o al caletre? El pensador habla del Santo Oficio que desapareció allá por los comienzos del XIX, ya caduco y sin candela para encender hogueras desde hacía más de un siglo. Por cierto, un ejercicio saludable sería dejar de echarle la culpa de todo a la Inquisición, incluso se podría intentar una rehabilitación: por ejemplo, cuando toda Europa quemaba brujas a millares los inquisidores españoles desdeñaban condenarlas porque más que auténtica connivencia con el maligno veían en su actividad simple ignorancia. Quizás estaban demasiado ocupados con los judaizantes, pero es un detalle ¿no?