Me había prometido no escribir una línea sobre el león Cecil
y el dentista que lo abatió. Me caen antipáticos los leones y los dentistas. Me
encontraría igual de incómodo si tuviera un león en la planta de mi piso que si
merodearan dentistas por los alrededores de mi casa de vacaciones. Vaya con la
dislexia, lo dije al revés, pero no importa, el mensaje se entiende y además es
reversible. Aun a riesgo de parecer un cenizo que odia a la animalidad con sus
impulsos instintivos y a la humanidad con sus ancestrales y dudosos entretenimientos
(esto es igualmente intercambiable) debo confesar también que si alguna
actividad deportiva/recreativa/alimentaria me resulta por completo
injustificable es la caza.
