11 ago. 2015

Cecil

Me había prometido no escribir una línea sobre el león Cecil y el dentista que lo abatió. Me caen antipáticos los leones y los dentistas. Me encontraría igual de incómodo si tuviera un león en la planta de mi piso que si merodearan dentistas por los alrededores de mi casa de vacaciones. Vaya con la dislexia, lo dije al revés, pero no importa, el mensaje se entiende y además es reversible. Aun a riesgo de parecer un cenizo que odia a la animalidad con sus impulsos instintivos y a la humanidad con sus ancestrales y dudosos entretenimientos (esto es igualmente intercambiable) debo confesar también que si alguna actividad deportiva/recreativa/alimentaria me resulta por completo injustificable es la caza.


Dado este conjunto de circunstancias se puede deducir que el suceso me trae al fresco, como suele decirse, lo que pasa es que uno es sensible con lo que emociona a sus semejantes, y la algarabía mediática y en las redes me ha despertado. Así que aquí me tenéis colocando al dichoso felino en el frontispicio de este artículo que no sé por qué empecé y que no tengo ni idea de cómo va a terminar.

Desde luego no voy a caer en la manida cursilería de recurrir a aquello de que “quisiera ser civilizado como los animales”, que ya he leído y oído a propósito del suceso. La caza, por estúpida que me parezca en nuestro contexto, no es sistemáticamente una forma de maltrato animal, de hecho el amigo Cecil y sus congéneres no hacen otra cosa y se zampan a sus presas nada más exhalar su último aliento. Otros encantadores animalitos, de tierra, mar y aire, ni siquiera esperan a eso. Nosotros también, a veces, pero no lo hacemos por ser hombres sino precisamente por ser animales, cosa que se nos olvida con frecuencia.

Será que el verano es propicio para noticias estúpidas, seguramente porque lo mismo que se ponen los cuerpos a descansar, los que tengan vacaciones, claro, también la mente entra en standby, produciendo este tipo de fenómenos (Goya lo dijo en el lenguaje de su tiempo: “el sueño de la razón…”). De todas formas no deja de sorprender que la noticia sobre África de estas semanas con más repercusión en los medios y en las redes haya sido la desventura del león Cecil, como si el desdichado continente no produjera más novedades dignas de atención.

Llegados a este punto sí que se cabrea uno con los congéneres pero no deseando ser más animal sino un poquito más humano…, aunque ser humano también implica, pienso ahora, empatizar con los animales. Precisamente, hay quien dice, es el privilegio de los animales humanos.

Uf, pensar es como todo, un poco está bien, pero mucho cansa, especialmente en verano, y no conduce a nada. Mi primera idea, pasar de Cecil y el dentista, hubiera sido lo mejor…