En 1981 ganó en Francia la presidencia F.
Miterrand, llevando a los socialistas al poder después de un largo dominio de
la derecha. En el debate que generó recuerdo que una cuestión peliaguda era si nacionalizaría
o no a la banca junto a otros sectores estratégicos. Año y medio después ganaba
en España Felipe González, trasladando a España las especulaciones. Se vio en
seguida que no era tan fiero el león como lo pintaban: ni el francés
nacionalizó la banca ni González expropió otra cosa que la explosiva Rumasa de
Ruiz Mateos; de hecho, Boyer, ministro de economía, aplicó desde el comienzo
una política socio-liberal. Lo cierto era: por una parte, que en los programas
los socialistas ejercían de tales y la opinión pública se alarmaba menos de eso
que de que incumplieran sus promesas; por otra, que el mundo anglosajón, que
todavía dirigía el cotarro universal, había elegido ya la vía neoliberal, marcando
a todos el camino.