Vivimos una época privilegiada por
la abundancia de información y el acceso a la educación más alta para el mayor
número de gente que haya existido nunca. Sin embargo, paradójicamente, el oscurantismo,
el conocimiento esotérico, la tecnofobia, la desconfianza hacia la ciencia, la
superstición… crecen, si no al mismo ritmo sí de manera excesiva. Lo
verdaderamente lamentable es que, como la política se corrompe con facilidad, y
no sólo por el dinero, desde las instancias de poder se propician a veces actitudes
que tienen que ver con esas formas pervertidas de conocimiento.