4 nov. 2015

Ignorancia, populismo y política

Vivimos una época privilegiada por la abundancia de información y el acceso a la educación más alta para el mayor número de gente que haya existido nunca. Sin embargo, paradójicamente, el oscurantismo, el conocimiento esotérico, la tecnofobia, la desconfianza hacia la ciencia, la superstición… crecen, si no al mismo ritmo sí de manera excesiva. Lo verdaderamente lamentable es que, como la política se corrompe con facilidad, y no sólo por el dinero, desde las instancias de poder se propician a veces actitudes que tienen que ver con esas formas pervertidas de conocimiento.

El 25 de septiembre de este año podía leerse en El Correo (edición Álava) que el ayuntamiento de Vitoria a propuesta de Podemos y por unanimidad había aprobado una moción que obligaba a señalar las áreas wifi de la ciudad y declarar “zonas libres de wifi” aquellas frecuentadas por niños. Lo hacen, según afirman, por prudencia, ya que hasta la fecha no se ha demostrado que sean inocuas para la salud.

Sobre la posible nocividad de las ondas se puede leer en Investigación y Ciencia lo siguiente:


«Las ondas electromagnéticas son cuánticas, es decir, llevan la energía en paquetes ("cuantos") llamados fotones. La energía de estos paquetes sólo depende de la frecuencia de oscilación de la onda: cuanta más frecuencia, más energía. A frecuencias suficientemente altas, estos paquetitos pueden ser usados por un electrón para escapar de los átomos que crean la materia. Hablamos entonces de radiación ionizante (porque transforma átomos eléctricamente neutros en iones) y en estos casos (por ejemplo, las ondas emitidas por algunos núcleos atómicos radiactivos) tiene sentido preguntarse por sus efectos en la salud humana. ¿Es ionizante la frecuencia de las ondas que me permiten conectarme a Internet sin cables y escribir esto? La respuesta es no. Las ondas del wifi tienen una frecuencia de unos pocos gigahercios: un poco más que las inofensivas ondas de radio, más o menos la misma que las de nuestro microondas y un millón de veces menos que la luz visible. Si el wifi causara cáncer, ¿qué no habrían hecho las bombillas? Por no hacer, los inofensivos fotoncitos del wifi no serían capaces ni de calentar la comida, a pesar de que tienen la misma frecuencia que las microondas. Esto se debe a que son muy pocos: la potencia (energía por unidad de tiempo) de un microondas es de entre 500 y 1000 vatios, mientras que la del wifi es de mucho menos que un vatio. Cada paquete lleva la misma energía, pero en el microondas hay muchos más paquetes que en la señal wifi, por lo que el wifi es incapaz de hacer vibrar las moléculas de agua lo suficiente como para calentar comida.

Las ondas electromagnéticas de baja frecuencia son completamente inocuas para la salud humana…»

Información clara y fiable, como la anterior, está al alcance de cualquiera, también de los concejales de Vitoria; sin embargo, optan por dar crédito a la paranoia tecnofóbica. ¿Por qué?

Por ignorancia. Ser concejal no garantiza ningún nivel de conocimiento o de formación. Está dentro de lo posible que tanto los promotores como todos los que aprobaron la moción, o sea, el pleno municipal, sean ignaros en la materia y, como los ignorantes casi nunca saben que lo son, ni siquiera se hayan movido para cubrir esa laguna de su conocimiento.

Por populismo. Puede que si no a todos, al menos a algunos, quizás a los que no encajan en la etiqueta anterior, les importe un rábano la verdad. Que para ellos lo que cuente sea cualquier cosa que dé votos y han pensado que esta medida les acerca al común y les favorece políticamente. Discrepar sería, por tanto, estúpido. De ninguna otra manera puedo explicarme la unanimidad.

Para cualquiera informado, con sentido común y con conciencia lo verdaderamente nocivo no son las ondas wifi sino decisiones como ésta que promueven la ignorancia y la superchería a costa del conocimiento científico, desvalorizan la razón frente a la superstición.

Afortunadamente yo vivo en zona libre de concejales vitorianos. De todas formas estaré alerta con los que me cayeron en suerte porque no las tengo todas conmigo ni mucho menos.


1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Somos de pandereta...

Saludos