1 nov. 2015

La CUP

Los marxistas clásicos pensaban que la mundialización de la revolución no sería posible si no comenzaba en el corazón del sistema capitalista. Sin embargo triunfó en Rusia. Durante el breve mandato de Lenin esa idea le llevó a estimular y sostener cualquier impulso revolucionario en las potencias del centro (Alemania, Reino Unido, Francia…), convencido de que la propia revolución soviética carecía de futuro si no se lograba el estallido en la Europa occidental industrializada. Los esfuerzos resultaron fallidos, por lo que el comunismo soviético se bunkerizó para sobrevivir y los éxitos revolucionarios se limitaron a algunas zonas de la periferia, cada vez más raras y aisladas a partir de los sesenta. Al final del siglo la revolución era un recuerdo.

Pero también es hoy una esperanza para los jóvenes azotados por la primera gran crisis del capitalismo postindustrial. Armados con girones de la doctrina clásica y el rechazo visceral hacia cualesquiera instituciones capitalistas regionales o internacionales se manifiestan a veces con violencia (episodios antisistema y antiglobalización), pero también pacíficamente aprovechando las grietas que abren las crisis políticas.

Las CUP (Candidaturas de Unidad Popular) en Cataluña son un ejemplo. Se componen de elementos que van del marxismo ortodoxo a la acracia pasando por el movimiento okupa y las mil y una variantes de la izquierda revolucionaria. Carecen de cohesión pero no de formación (muchos con estudios superiores) ni de decisión, templada en la indignación por las circunstancias sociales que ha creado la crisis y el espectáculo insoportable de la corrupción política. Aunque tienen una larga historia (desde los setenta) su protagonismo actual tiene que ver con las secuelas del 15M. Su vertiente soberanista es tan difícil de analizar como los demás aspectos de su ideología: aunque recientemente alardean de separatismo no nacionalista, lo cierto es que proponen la independencia de los paisos catalans (Cataluña, Valencia, Baleares) y en todos ellos y sólo en ellos actúan. ¿No revela esto un nacionalismo de tipo germánico que privilegia fenómenos inconscientes, no voluntarios, como la lengua? ¡Ahí es nada!

Si nos atenemos al mensaje que quieren conscientemente difundir su objetivo es el separatismo, no contaminado con emociones nacionalistas, para crear un espacio (casualmente coincidente con el de la presunta nación catalana) donde se haya abolido el régimen de la transición, la monarquía borbónica, como gusta decir al catalanismo, y el sistema capitalista. El estalinismo, ante la incomparecencia de la esperada revolución universal, optó por teorizar sobre el ‘socialismo de un solo país’ para justificar el fracaso. De forma parecida, aquí se trataría de crear ex novo un espacio libre de explotación, libre del capitalismo, donde el pueblo sea soberano de verdad. Fuera de España, fuera de la UE, sin euro, fuera de la OTAN. Una especie de falansterio regional. El colmo de la utopía, lo que no impide que se sigan proclamando marxistas con maravilloso desparpajo.

Ésta es una de las fuerzas emergentes de la España actual. La que tiene en su mano, por decisión de los electores, la dirección que vaya a tomar el famoso ‘proces’.


1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Complicada situación....