11 nov. 2015

Una más para el mar de dudas

Acabo de leer un extraordinario artículo de J. Pérez Royo (Reino de España: la reforma constitucional imposible, 8/11/2015), en él que analiza cómo la sentencia del T.C. de 2010 sobre el Estatut rompió el pacto constitucional y funcionó como un golpe de Estado que dejó a la Constitución fuera de servicio:

«Desde que el Tribunal Constitucional dictó la STC 31/2010 España carece de "constitución territorial". Formalmente tiene la misma Constitución y los mismos Estatutos de Autonomía que tenía antes de que la sentencia fuera dictada, pero materialmente nos hemos quedado sin Constitución»
Según Pérez Royo la Constitución del 78 no definió la estructura del Estado sino que trató de regular la excepción, reglando la inserción de las nacionalidades, resolver el problema catalán y vasco. Para ello constitucionalizó la inserción de las comunidades históricas con el artículo 151 mediante un sistema de doble garantía: 1. El pacto entre la asamblea de parlamentarios de la comunidad y el Parlamento, con preeminencia final para el Parlamento (garantía para el Estado); 2. El resultado del pacto sometido a referéndum en la comunidad (garantía para la comunidad). Sin ambos requisitos no hay autonomía, pero si se dan ambos el estatuto es válido. Así pues:

«La Constitución Territorial no son los artículos de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía. La Constitución territorial es el pacto entre los dos Parlamentos refrendado por el cuerpo electoral de la nacionalidad destinataria del mismo. El no respeto del pacto y del referéndum supone la destrucción de la Constitución Territorial.»
La irrupción del Constitucional a instancias del PP y de las comunidades autónomas regentadas por él protagonizó un golpe de Estado institucional, destruyendo la Constitución al ignorar pacto y referéndum,  por mucho que pregonara su intención de salvaguardarla con la sentencia dictada.

Si aceptamos esta argumentación, que parece impecable, aquellos que claman por la defensa e intangibilidad de la Constitución la violaron en su día en una cuestión fundamental, o la conocían tan mal que no se percataron de la gravedad de lo que hacían. Sobre esta cuestión no habría que olvidar que el fundador del PP no aceptó la solución constitucional autonómica y que la generalización de los niveles previstos sólo para las autonomías del 151 (impulsada por el PP y consentida por el PSOE), convirtiendo la excepción en regla, fue ya un primer intento de neutralizar sus efectos.

Concluye Pérez Royo que la mayoría de los catalanes no acepta ya un estatuto de autonomía como medio de integración, lo que resulta lógico e inevitable después de la ruptura del pacto constitucional por la irrupción del TC. Por tanto, se necesita un nuevo acto constituyente que elabore un nuevo pacto basado en una clara definición del Estado, que ya sólo puede ser federal.  

Creía yo tener seguro que la Constitución sólo necesitaba retoques y así lo he expresado varias veces en este blog. Mi gozo en un pozo, la argumentación de Pérez Royo me ha proporcionado una nueva y bonita tribulación.

Que las dudas se multipliquen con la edad ¿es cosa mía o es lo que pasa?

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Un artículo muy interesante...