30 sept. 2009

La hora de la verdad

Cuánto da que hablar la crisis y cuánto tendremos que oír y decir todavía. Hace mucho tiempo que me cansé del tema, pero, aún así, de vez en cuando cumplo con el ritual. Hoy la cuestión de actualidad es la mini reforma fiscal (subida de impuestos) contenida en los presupuestos generales. La polémica, agrandada artificialmente por la inminencia del debate parlamentario hace difícil aclararse, la mayoría de los ciudadanos recibimos perplejos la lluvia de argumentos, o mejor, de profecías favorables o contrarias. Los que no somos expertos en economía (algunas veces duda uno de que exista esa categoría) buceamos con dificultad entre medidas y opiniones tratando de descubrir alguna verdad, sin mezcla de populismo o de interés político espurio; el resultado es la frustración.

No existe una medida económica que no tenga efectos secundarios nocivos. Con frecuencia el acierto está en la dosis o en el momento, porque en la terapia casi todo el mundo coincide. En general elevar los impuestos y reducir el gasto son medidas contra el déficit, disparado por efecto de la crisis, y nadie duda de su bondad en este sentido, pero claro es una política restrictiva que frena el crecimiento: el plus de capital que se desvía hacía las arcas públicas por la subida impositiva se retira del mercado; si además se reduce la inversión desde los presupuestos, el efecto se incrementa. Entiendo que ningún gobierno emprendería una política así si no estuviera seguro de que la salida de la recesión ha comenzado ya, pero tantas veces se ha criticado a Zapatero de un optimismo fuera de lugar que es casi imposible no pensar si no estaremos otra vez en las mismas.

¿Cuál es la alternativa? Seguramente continuar por algún tiempo con medidas expansivas que estimulen el consumo, al fin y al cabo no existe inflación, sino más bien riesgo de deflación (7 meses consecutivos de bajada de los precios) y el endeudamiento no parece excesivo, además se ha hecho hasta ahora a un interés bajo, consecuencia de la coyuntura; ya habrá tiempo de recomponer el déficit. Sin embargo, se opta por restringir, doctores tiene la Iglesia, me limitaré a aguantar la respiración porque de equivocarse el gobierno el efecto será profundizar y prolongar esta bonita situación.

Hay algo que no puedo criticar: mantener las ayudas sociales e incrementarlas; eso aumenta los gastos corrientes, malo; pero es de justicia, bueno. Mantener un poco de sentido de la justicia social es ético y muy de agradecer. Me parecen contradictorios los discursos que cargan la responsabilidad de la crisis a los comportamientos inmorales de un grupo de capitalistas, como si todo se pudiera arreglar con mandar a la catequesis a los banqueros, y en cambio no aprecian el comportamiento ético del gobierno, que es su obligación, aunque tenga sus costes.

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