El despuntar del capitalismo (baja Edad Media) fue temprano y
su arraigo lento, difícil y paulatino, aprovechando las contradicciones del anterior
sistema y formación social (feudalismo).
El poder de los
monarcas sólo podía crecer a costa de los nobles, auténticos beneficiarios del
feudalismo, pero también principales sostenedores de la monarquía. Para ello los
reyes tuvieron que buscar financiación allí donde había dinero: las ciudades
(burgos), hogar de la burguesía. El proceso de pactos, complejo, accidentado y
titubeante acabó convirtiendo, al cabo de unos siglos, a la nueva clase en
protagonista de una revolución que acabaría con las monarquías y todo el
sistema feudal.



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