17 jun. 2010

Las vacas flacas

Desde pequeñitos conocemos el cuento de las vacas gordas y las vacas flacas. Se podría alegar que en aquellos tiempos eran el clima y otros imponderables de la naturaleza los que imponían las oscilaciones en la prosperidad, pero que hoy en cierto modo hemos superado eso desde que nos emancipamos de la agricultura. Es de tontos, o de ciegos, si lo preferís, porque desde su nacimiento el mercado capitalista ha mostrado el mismo perfil bipolar (euforia/depresión) y una peligrosa tendencia a generar burbujas especulativas que al reventar generan catástrofes: la primera bien estudiada la protagonizó Holanda con los tulipanes nada menos que en el siglo XVII.

La misión de un gobierno no es la simple administración de las cosas comunes, sino que debe marcar caminos, prever obstáculos y poner los medios para sortearlos. No es una política popular la de tocar las estructuras cuando las cosas van bien, con las incomodidades que genera, pero ¿quién ha dicho que gobernar sea fácil? Si al que gobierna se lo parece es que algo no marcha, probablemente sea que se está limitando a halagar a la clientela. Un buen estadista, en los momentos de prosperidad, no se instala en la autosatisfacción y la contemplación arrobada del propio ombligo, sino que toma medidas para cuando llegue el tiempo de las vacas flacas, que llegará, sea bajo su mandato o el del siguiente. Ahí puede estar la cuestión: el que venga detrás que arree.

Aznar se va pavoneando por el mundo de haber instalado a España en la prosperidad, pero no dice que sus medidas económicas crearon la burbuja inmobiliaria, que tuvo como primer efecto inflar la bolsa de promotores y constructores y también del gobierno, de las comunidades y de los municipios, que, por eso mismo, no sintieron necesidad de subir impuestos, antes bien, los redujeron, especialmente los directos que tienen mayor impacto populista. Pero la prosperidad era a todas luces pasajera, estaba basada en una burbuja especulativa, cosa que sabía todo el mundo, aunque se prefiriera ignorarlo. La llegada de Zapatero no cambió nada, se habló de desinflar controladamente la burbuja, pero nada se hizo salvo disfrutar, que son dos días; y lo mismo hicieron los gobiernos de las comunidades autónomas y los municipios. Hasta las familias, contagiadas de la fiebre de nuevos ricos, se entramparon hasta las cejas: pasamos casi sin transición de la maleta de madera a las playas del Caribe, de la chabola a la segunda vivienda, y todo a crédito, naturalmente. La llegada de las vacas flacas ha dejado de golpe al tesoro sin ingresos por la debilidad de su sistema fiscal y ha disparado los gastos, justo igual que en las familias. La situación que vivimos hoy es penosa, pero aquí no hay nadie sin responsabilidad, asumámoslo.

Aznar ya no puede dimitir, por lo menos podría callar, el ruido entorpece, enerva y no tiene ninguna utilidad. Zapatero ha fracasado en su política económica, esto es un hecho objetivo, y el estrépito es de tal magnitud que no parece razonable permanecer hasta las elecciones de aquí a dos años; por otra parte, ya gobierna casi al dictado del exterior y de las circunstancias, sin la mínima iniciativa, ni la mínima posibilidad de aplicar la política que prometió. En esta coyuntura se impone la dimisión. Cierto que unas elecciones no son el mejor escenario hoy, pero existe la posibilidad de marcharse dejando a otro, libre de descrédito, la tarea de recuperar la confianza y el equilibrio (tenemos el precedente de Suárez), lo que se saldaría con sólo unos días de zozobra y un debate parlamentario. Pienso que después de tomar las medidas más urgentes, que es un deber patriótico, debería cumplir el otro, dimitir. Probablemente, dadas las circunstancias, la única decisión honorable.
¡Qué difíciles son los finales!



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3 comentarios:

jaramos.g dijo...

Podría repetir el mismo comentario que hice al anterior artículo o incluso aumentarlo. Este es también extraordinario. Gracias. Tengo un par de preguntas o tres que, si puede ser, me gustaría que me contestaras cuando tengas un rato: 1) Dices: "Aznar [...] no dice que sus medidas económicas crearon la burbuja inmobiliaria". Pregunto: ¿cómo puede provocar un gobierno, el que sea, una burbuja inmobiliaria?, ¿o una burbuja especulativa? ¿Cómo se puede evitar? 2) He oído/leído que los culpables fueron los bancos (o sea, el capital), que prestaron sin límite. Y también, que la apartición de la crisis fue (como suele) una maniobra preparada para controlar a los gobiernos y a las naciones (como, de momento, Grecia y, luego, otras).
No quisiera abusar de ti, pero son preguntas que me asaltan. Gracias de antemano.

Arcadio R. C. dijo...

En agosto de 2008 publiqué un post titulado "¿Crecimiento o bienestar?" que te puede aclarar algo, puedes encontrarlo mediante el buscador y seguramente no te parecerá inútil porque a pesar del tiempo sigue estando de actualidad. Seguro que tengo más, pero ahora me cuesta encontrarlos.
Un fenómeno como la burbuja inmobiliaria es resultado de una concatenación de factores muy diversos, pero, sin duda, el elemento clave fue la ley del suelo de Aznar, junto con los bajos intereses y los beneficios fiscales a la compara de viviendas, pero estos últimos venían de atrás. Los bancos se dejaron llevar por la euforia porque priorizan, como toda empresa en el libre mercado, el beneficio inmediato (sus gestores miden su calidad, y sus sueldos astronómicos, por ellos). Todos sabían que la prosperidad era en buena medida ficticia, pero todos pasaron.
Personalmente no creo en teorías conspirativas sino en algo más simple: el estímulo del beneficio inmediato y la dilación "sine die" de medidas impopulares o limitadoras del autobombo.
Un abrazo.

jaramos.g dijo...

Muchas gracias. He leído ese otro artículo, también lleno de sustancia, y ya me voy aclarando. Quiero asimilar, poco a poco, los conceptos básicos en este campo de la economía. Saludos y hasta el próximo.