26 oct. 2011

¿Izquierdismo abertzale? O una cosa o la otra

          El siglo XX fue violento, no en balde encierra las dos guerras mundiales y una infinidad más de durísimos conflictos, aparte la Guerra Fría (1945/89), que, aunque sin víctimas directas, tuvo una influencia amplia y decisiva.

Un suceso llamado a tener larga y profunda repercusión fue la revolución cubana (1959). A finales de los años cuarenta se había iniciado el proceso de descolonización, que no se completó hasta entrados los 70. El periodo más activo fue la década de los años 60 del que la revolución cubana puede considerarse prólogo. De facto la isla era una colonia de EE.UU. y lo que convirtió en un suceso trascendente a la revolución fue su inclusión en el marco de la guerra fría y el hecho de que se resolviera como una revolución izquierdista triunfante. A principios de siglo Lenin había expuesto la tesis de que el imperialismo era la última fase del desarrollo capitalista (El imperialismo, fase superior del capitalismo), del que el colonialismo fue un aspecto importante. La lucha por la independencia de las naciones oprimidas era reconocida así como una lucha revolucionaria sin contradecir el internacionalismo obrero marxista. Ya en los 60/70 la teoría de un sistema mundial (economía-mundo) con un centro desarrollado y una periferia explotada le dio a aquella formulación una nueva vuelta de tuerca. De este modo la lucha por la liberación de los oprimidos se encarnaba en las contradicciones entre naciones (Wallerstein). Un ejercicio de equilibrismo dialectico que quizás a Marx le hubiera puesto el vello de punta. 

De este modo la revolución cubana devino un modelo esperanzador para todas las comunidades oprimidas, colonias que en esos momentos luchaban por su independencia. El izquierdismo fue el inspirador ideológico, mucho más que el nacionalismo, que en África, principal escenario del proceso, no podía existir por razones sociohistóricas en las que no es preciso insistir.  Pero lo que ahora me interesa es la repercusión que tuvo entre nosotros.

En 1961 ETA perpetró su primer atentado mortal. Las acciones siguientes se beneficiaron durante más de una década de la mirada benévola de la izquierda que no olvidaba que la dictadura se había instalado y consolidado haciendo uso de una violencia inusitada, a la que en los años últimos sólo se había puesto sordina. El terrorismo etarra podía enmarcarse en la lucha contra la dictadura, que otros llevaban en el terreno político o laboral, pero el discurso etarra incluía el del pueblo oprimido por el Estado español, en consonancia con la corriente que se había generalizado para las colonias, pero muy alejado de la ingenua simpatía que la izquierda mostraba hacía las llamadas nacionalidades históricas. En 1974 ETA se escindió en dos: los poli-milis, mayoritarios, que entendían la acción armada como un complemento de la política y que acabaron disolviéndose en 1982; y ETA militar, que continuó con el objetivo de provocar la insurrección popular. Esta es la ETA que nos ha llegado, la que en los 80/90 alcanzó una ferocidad inusitada, haciendo caso omiso al desarrollo democrático del país, en un comportamiento realmente autista.

ETA utilizó en su devenir el manto izquierdista del discurso de liberación de los pueblos proletarios inmersos en la economía-mundo, sin merecerlo, ya que en el supuesto Estado opresor ocupaba los primeros puestos de renta y desarrollo económico, a los que añadió, con la democracia, la autonomía política, la mejor situación de que haya disfrutado jamás en su historia. El puño en alto, la reclamación de una Euskalherría socialista, en los gritos de rigor, y el look izquierdista de sus militantes, es una fachada que en absoluto se corresponde con la estructura. El vocablo abertzale (patriota) fue una creación de Sabino Arana, que se quería tan lejos de la izquierda como del infierno.

Así pues, el radicalismo independentista vasco se nutrió de impulsos e ideas en boga en los 60, revistiéndose de izquierdismo en su oposición al franquismo; pero, cuando éste desapareció, se desprendió de los que lo habían hecho con sinceridad, para continuar actuando como si nada hubiera ocurrido y el Estado democrático no fuera sino un franquismo travestido. En este sentido el terrorismo etarra no ha sido más que la penosa herencia de la dictadura. El éxito actual del abertzalismo, innegable, se debe a que actúa en el mismo campo de la manipulación de la historia y de la realidad en que actúan todos los nacionalismos, que tiene mucho que ver con las creencias religiosas, pero en absoluto con la izquierda.

Izquierda abertzale, una contradicción en los términos. Como diría con sarcasmo Pío Baroja, refiriéndose a El pensamiento Navarro, periódico carlista: o una cosa u otra.

3 comentarios:

Juliana Luisa dijo...

Ya pasó la época de los nacionalismos. Ahora "todos somos ciudadanos del mundo"
Un saludo

jaramos.g dijo...

Nada que añadir, salvo el aplauso, una vez leído el artículo, tan bueno como siempre. De todos modos, me parece que es un enigma, un misterio, qué es la ETA ahora. He oído a alguien decir que más del 80% de sus miembros son infiltrados. No hacen falta tantos para pensar que, si la organización está abundantemente penetrada, estemos asistiendo a una representación teatral, muy "oportuna" en estos días preelectorales. Acabo de escribir unos párrafos, que en unos mimutos subiré a mi blog, sobre la mentira. Salud(os), amigo Arcadio.

Anónimo dijo...

Todo vale, el relativismo es lo que tiene...
Izquierda Unida gobernó durante años en la CAV con otro partido nacionalista vasco.
F.S.C.