7 feb. 2015

Burbujas

Hace unos pocos años asombrábamos al mundo con un crecimiento económico espectacular: venían inmigrantes por decenas de millares, invirtiendo una tendencia ancestral; nos pusieron una silla en el G7, aunque hubo que empujar por aquí y tironear por allá; desde el gobierno nos anunciaban que estábamos a la par con Italia y a poco tardar pasaríamos a Francia y a Alemania; además construíamos más casas que Inglaterra, Francia y Alemania juntas, aquí no queríamos alquileres sino propiedad para todos, incluidos los ‘pelaos’, para los de medio pelo, doble. Construíamos más aeropuertos que nadie, algunos sin aviones, más kilómetros de AVE, autopistas para hartar, una pluralidad de edificios singulares, en fin… Ya sabemos lo que pasó, era una burbuja, lo más parecido a un espejismo.


La burbuja consiste en un crecimiento en falso, sin fundamento, que diría Arguiñano. Pura especulación basada en un equívoco, en una especie de cuento de la lechera asumido masivamente. En economía, desde aquella famosa burbuja de los tulipanes que conmovió a Holanda en los albores del capitalismo, ha habido muchas. Y mientras haya mercado y especulación, que son la misma cosa, no desaparecerán porque no hay vacuna ni antídoto, ni se le espera.

Pero las burbujas no se limitan a la economía, parece que las hubiera en cualquier actividad humana. En 1914, hace justito un siglo, estalló la 1ª Guerra Mundial, en realidad reventó una burbuja bélica o militar que venía inflándose desde años atrás: las relaciones internacionales en Europa se habían agriado sobremanera de forma que los Estados en un intento de preservar su seguridad se fueron agrupando en alianzas ofensivo­-defensivas; a la vez iniciaron una carrera de armamentos porque nadie quería estar en desventaja si ocurría lo peor; por su parte, los departamentos de propaganda de todos los gobiernos comenzaron campañas de demonización del presunto enemigo y de exaltación de los valores patrios presuntamente amenazados, había que ganarse a la opinión pública y fortalecer los ánimos; como es natural los estados mayores de todos los ejércitos empezaron a diseñar planes de ataque y defensa para que no los pillaran desprevenidos, ya que al fin y a la postre suya sería la responsabilidad de la victoria o la derrota; al final alguno pensó que el que da primero da dos veces y convenció a su gobierno de que empezara las hostilidades aprovechando la sorpresa y buscando alguna excusa; las alianzas arrastraron a los demás. Bien mirado, las condiciones objetivas no justificaban una guerra, mucho menos mundial, pero la burbuja había reventado. La guerra estalló. La excusa, el asesinato del heredero austriaco por un nacionalista serbio.

También hay burbujas políticas. Imaginemos un país que sufre una larga recesión. Los políticos no dan pie con bola como suele ocurrir en estos casos. Los ciudadanos empiezan a desesperar y de criticarlos por inútiles pasan a considerarlos culpables de la crisis. Se reúnen en las plazas y los más leídos enseñan los mecanismos de la economía y la política. Algunos reclaman el poder para la plaza, ‘podemos’ hacerlo mejor que los políticos y sus partidos que no sirven más que para cubrirles las espaldas y llenarles los bolsillos, dicen. ¿Qué hacer? Desde luego echar a los que hay. Luego ya… Pasamos la plaza a la internet y allí todos decidimos, decimos qué hacer sobre cada cosa [miles de simpatizantes]. No hace falta programa porque decidimos sobre la marcha, como en la plaza. No hacen falta representantes porque allí estamos todos, en internet cabemos. Si necesitamos mandatarios, no importa, los elegimos igual y los quitamos cuando queramos. La plaza/internet manda [más de cien mil militantes]. Se acabó el chollo. Se inaugura la política fetén. Nosotros lo guisamos, nosotros lo comemos …y colorín colorado. Todos los inocentes damnificados por la política/estafa, o sea, todos, acuden (menos cojos, sordos, etc.) como aquellos niños al toque de la flauta. Ha llegado el tiempo de la megapolítica en la que por vez primera los ciudadanos lo son de pleno derecho porque sin ningún político, todos serán políticos. ¡Podemos! Tanto largar en la barra, birra en mano, y resulta que se podía [millones de votos]. Un monumento para Pablo y compañía (novia incluida). ¡Podemos!

Las burbujas explotan y hacen pupa, o se desinflan y dejan un mal cuerpo…

1 comentario:

Manuel Reyes Camacho dijo...

Je,je,je. Hombre de poca fe y exceso de mala uva... Quien sabe si te veremos con la papeleta del tío de la coleta en la mano.