2 mar 2019

A PROPÓSITO DE LA DEMOCRACIA, EL POPULISMO, LA IDIOTEZ Y EL MERCADO



El dilema al que se enfrenta el político profesional honesto está expresado sintética y sabiamente en una frase del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker: Sabemos exactamente lo que debemos hacer; lo que no sabemos es cómo salir reelegidos si lo hacemos. La ventaja del político populista reside en reducir el problema a cómo salir elegido. La desaparición de la primera parte de la contradicción ha podido producirse por debilidad de la conciencia o por ignorancia, o sea, simple estupidez, cualidad cuya abundancia nunca hay que infravalorar (abusando quizás del argumento de autoridad recordaré que Einstein dijo en cierta ocasión: Sólo hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana, y de la primera no estamos seguros). De lo anterior se deduce, obviando la digresión sobre el genio de la física y la idiocia ciudadana, la enorme superioridad, se entiende que política, del candidato populista, pues la política no atiende a la estatura moral o la profundidad de la sabiduría sino a la capacidad de triunfo. El mercado político no premiará al político profesional honesto porque sus costes para compaginar ambos términos de la oposición son enormes, mientras que el populista los ha reducido casi a la nada.

Pero… seamos sinceros por una vez: tanto el intelecto como la conciencia, si es que ambas cosas se pueden separar, no funcionan sin deformaciones o desviaciones, sesgos cognitivos en la jerga psicológica, o emociones que alteran una elección lógica o un comportamiento correcto según la razón. Ningún individuo humano escapa a esta realidad que es parte de su condición y que seguramente la madre naturaleza habrá ido labrando y fijando en el equipamiento de la especie a lo largo de millones de años, con el prodigioso instrumento de la selección natural y finalidades que aún se nos escapan. Lo cierto es que las acciones colectivas, como la elección de representantes, no tienen por qué estar más condicionadas por la excelencia lógica y racional o por la “limpieza de corazón” que nuestras pulsiones cotidianas consideradas individualmente, y marcadas, si no determinadas, por aquellos sesgos y emociones que las hacen tan poco fiables.

Para colmo de males las instituciones tampoco colaboran. El mercado y sus leyes han venido creciendo en importancia a lo largo de los últimos siglos hasta el punto de ocupar un lugar central en nuestra sociedad, pero también en nuestro imaginario, hasta el punto de que hoy lo vemos todo a través de su prisma. La democracia liberal ha acabado configurándose según sus leyes: la oferta, la demanda, la libre competencia, etc. Pero si en los mercados realmente existentes es difícil encontrar una situación en la que los agentes gocen de absoluta libertad, los consumidores estén perfectamente informados, todos actúen según sus intereses objetivos y, en consecuencia, la competencia sea perfecta; en la política, por todo lo que se insinúa arriba y mucho más ni siquiera insinuado, es prácticamente imposible y el objetivo declarado de la democracia, que es el de elegir a los representantes más capacitados y virtuosos, resulta ser una broma de mal gusto. Lástima que cualquier otro sistema al margen de la democracia liberal sea una burla trágica, como largamente nos ha demostrado la experiencia.

Llegados a este punto Mr. Churchill tomaría la palabra para rematar con ironía: La democracia es la peor forma de gobierno que conozco si exceptuamos a todas las demás.
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NOTA.- Esta reflexión, o como quiera que se la llame, se entiende mejor leyendo la conferencia de Félix Ovejero ¿Idiotas o ciudadanos?, publicada en Claves de la Razón Práctica, nº 184.


2 comentarios:

Manuel Reyes Camacho dijo...

Muy de acuerdo en todo, como suele ser habitual. Y conste que me alegra encontrarte por estos lares. Una picolísima nota: Einstein acabó su frase diciendo ... "y de la primera no ESTAMOS seguros", se refería a que en su época, y en la actual, nadie -no solo él- sabía si el universo era infinito. Un abrazo.

Arcadio R.C. dijo...

Como dices tiene mucho más sentido. Procedo a rectificar. Internet nos proporciona mucha información, pero ¿cuanta no está manipulada fatalmente? Gracias.