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10 jul 2017

Pensar el Estado

Leo en José Mª Ridao que cuando la nación se convierte en un dios la historia sustituye a la teología. En efecto, para que el mito se revista de unos mínimos ropajes de racionalidad requiere de un discurso que utilice apariencia científica. Hay que entender, sin embargo, que la historia es algo mucho más modesto (en el sentido de más terrenal). Decía Marguerite Yourcenar: «[La historia] no se hace cuando se produce, sino siempre después, no pasa sino que se fabrica, no sucede sino que es algo que se inventa una vez que haya sucedido. Así que la historia es la forma que luego damos a lo que pasó, no exactamente aquello que pasó y que cuando pasaba pocas veces parecía ser historia». En definitiva, una construcción contemporánea del pasado, de la que la contemporaneidad es siempre parte indeleble. Convertida en ciencia sagrada la historia solo sirve como arma: arma defensiva a la que recurrieron insistentemente los diputados en Cádiz en 1812, justificando cualquier propuesta revolucionaria con supuestos antecedentes hallados en el pasado de los reinos hispánicos; arma ofensiva que blandían con furia los ‘apostólicos’ seguidores de D. Carlos en las guerras que trataron de cerrar el paso a la modernidad imponiendo la vuelta a una soñada edad de oro.

14 abr 2015

Fronteras


La mente, la conciencia, o ambas cosas, que seguramente son lo mismo, son vulnerables y maleables en extremo por efecto del entorno. Ortega en su etapa perspectivista incluyó a las ‘circunstancias’ en la esencia del yo («Yo soy yo y mi circunstancia» en Meditaciones del Quijote). Una de las circunstancias siempre presentes en el hombre moderno desde hace no pocos siglos es vivir en espacios limitados por las fronteras artificiales que crean los Estados. A un lado y otro de la raya fronteriza la vida toma rumbos distintos, marcada por intereses divergentes, leyes discordes, hábitos, lenguas, monedas... dispares hasta hacer ajenos a los que antes de su trazado eran próximos y, como tales, cooperaban y se entendían.

26 jun 2013

El estado en declive o el ascenso de la nueva religión

Desde que se consolidaron las estructuras de los estados territoriales o nacionales que definen el paisaje político actual, cualquier análisis, político, cultural, social, histórico,  económico, se hace siempre con referencia al estado. Incluso en aquellos textos de historia que incorporan a su título el calificativo de universal o general la narración no puede evitar la referencia constante a los estados, cuando no estructuran su contenido en función de ellos.


Históricamente el marco estatal supuso un avance considerable al superar las relaciones personales de fidelidad, vasallo/señor, y la patrimonialización de lo común en manos de las dinastías reinantes. Conforme se iban consolidando las nuevas estructuras se debilitaban las viejas y las clases que se disputaban la hegemonía social pugnaron por apropiárselo en su beneficio. En el XIX era evidente que la disputa se había resuelto a favor de la burguesía que practicaba credos de economía de mercado, según permitían las circunstancias.