11 dic 2010
Inquietudes postraumáticas
El suceso de los controladores ha evidenciado la inconveniencia de que un grupo se haga con privilegios exorbitantes, y más, que unos pocos controlen una técnica muy especializada, e incluso el acceso a la misma. De ahí a sentirse por encima de la ley sólo hay un paso, que, como se ha visto esta pasada semana, se dio. Todavía se alarga la polémica sobre el suceso, y más que se prolongará, sobre responsabilidades de unos y otros y, sobre todo, si la actuación del gobierno ha sido oportuna y justa. No entraré en la discusión que me parece un rizar el rizo sin mucha utilidad, pero sí que señalaré algunos puntos oscuros que se me ocurren después de ver, leer y oír tanto sobre la cuestión.
El control que los empleados ejercían sobre el acceso a la profesión ha dado lugar, según parece, a una indeseable endogamia. Por esta vía se estaban convirtiendo en una casta que filtraba el acceso, privilegiando el paso de los aspirantes próximos a ellos. Ya que la bestia enseñó los dientes qué menos que husmear ahora sus entrañas para obtener una buena radiografía del monstruo, que nos sirva de lección utilísima para el futuro o para otros ámbitos.
No hay mal que por bien no venga. Algunos bufetes de abogados esperan hacer su agosto canalizando las reclamaciones de los damnificados. Se ha dicho que aparte el resarcimiento de las pérdidas materiales los abogados de los damnificados están pidiendo, o se proponen reclamar, 10.000 € como resarcimiento del daño moral para cada uno de ellos. ¡Qué bien! Lo tienen merecido. Pero, reflexionando un poco nos asalta en seguida la inquietud: Aunque esa no sea la cantidad que se acepte finalmente, si los tribunales fallan a favor del pago, es imposible que unos cuantos centenares de inculpados, en el mejor de los casos, hagan frente al pago de los muchísimos millones que resultarían; evidentemente, AENA sería la entidad subsidiaria, lo que significa, dado su carácter de empresa pública, que saldría de los presupuestos del Estado, es decir, de nuestro bolsillo. El bucle amenaza cerrarse una vez más pillándonos a todos en medio.
Una última cuestión. Las dificultades contables del gobierno, los problemas con la deuda soberana y el déficit, han traído de nuevo a colación la pertinencia de nuevas privatizaciones. Ya vivimos una gran oleada cuando el gobierno del PP hubo de sanear las cuentas para lograr la entrada en el Euro y la solución fue, entre otras, la enajenación de buena parte del patrimonio. Se ha hablado estos días de permitir la entrada de capital privado en AENA y de privatizar Barajas y el Prat. A nadie se le escapa que una paulatina privatización de la empresa que rige los aeropuertos requiere como medida previa un saneamiento económico, que quizá incluya librarla de la desmesura de los salarios de sus controladores y sus privilegios organizativos. ¿Se mete en cintura a los controladores, y no se ha hecho antes, porque ahora se va a privatizar?
Estamos necesitando un wikileaks doméstico que nos revele algunos secretos y tejemanejes que no deberían escapársenos.
6 dic 2010
Privilegiados
La etimología del vocablo privilegio es transparente: priuilegium, ley privada o particular. En tiempos históricos, en que se tenía asumida la bondad y necesidad de la desigualdad, los privilegiados constituían un estamento que gozaba de preeminencia social, exenciones fiscales y multitud de prebendas legales. La revolución burguesa estableció y difundió el principio, entonces subversivo, de la igualdad ante la ley, expresado en todas las declaraciones de derechos, de las que la última y más universal es la de las Naciones Unidas. La revolución proletaria, que pareció triunfar a partir de 1917, quiso establecer el principio de la igualdad económica. Aunque fracasó, en el ideario democrático quedó grabada la idea de que una cierta nivelación económica es imprescindible para que el poder no escape de las manos de los ciudadanos. Desde finales del XVIII el progreso social y político parece haber ido paralelo a la lucha por la supresión de los privilegios de todo tipo, sociales, políticos, económico...
Curiosamente la revolución que dio origen a esta transformación comenzó con una revuelta de los privilegiados, temerosos de perder algunas de sus prerrogativas, ante el callejón sin salida a que había avocado el caos fiscal. El suceso no se limita sólo a la Francia de 1789, los historiadores han considerado que, en una tipología de las revoluciones, la revuelta de los privilegiados es siempre el primer episodio. Así pues, la penosa situación del común, el hambre, el ninguneo de sus derechos, la explotación y el despotismo, parecen ser más soportables que la pérdida de inmunidades, prebendas y ventajas de unos pocos privilegiados.
La sociedad actual no es comparable a la de finales del XVIII. El principio de igualdad ante la ley no lo discute nadie y, si bien la igualdad económica no encaja en la mentalidad liberal y el sistema capitalista dominantes, al menos se reconoce el derecho a una igualdad de oportunidades con todo lo que eso implica. Sin embargo, en las rendijas del sistema de libertades, se forman grupos que por su posición estratégica obtienen ventajas laborales, económicas, etc., que, paulatinamente se van convirtiendo en derechos adquiridos, en privilegios. Lo curioso de la situación es que cuando toda la sociedad, con admirable unanimidad, como se ha visto en el caso de los controladores aéreos, entiende que se trata de privilegios injustificados, sus detentadores se aferran a ellos con ferocidad, entendiendo que son poco menos que derechos inalienables. Algunos lo harán por simple cinismo, pero la actitud laboralmente suicida de la mayoría de ellos demuestra que están realmente convencidos de la justeza de su actitud, lo que resulta verdaderamente sorprendente. Parece que hubiera grabado en nuestra conciencia algo que nos hace valorar una posible preeminencia sobre los semejantes como el bien más apetecible, por el que merece la pena sacrificar cualquier otro y que ciega cualquier sentimiento de solidaridad o de equidad y justicia.
Seguramente es un buen tema de reflexión en el día la Constitución, la que mejor, con mas extensión y más profundidad trata los derechos y las libertades, de entre la casi decena que se han redactado y promulgado a lo largo de nuestra historia reciente.
Curiosamente la revolución que dio origen a esta transformación comenzó con una revuelta de los privilegiados, temerosos de perder algunas de sus prerrogativas, ante el callejón sin salida a que había avocado el caos fiscal. El suceso no se limita sólo a la Francia de 1789, los historiadores han considerado que, en una tipología de las revoluciones, la revuelta de los privilegiados es siempre el primer episodio. Así pues, la penosa situación del común, el hambre, el ninguneo de sus derechos, la explotación y el despotismo, parecen ser más soportables que la pérdida de inmunidades, prebendas y ventajas de unos pocos privilegiados.
La sociedad actual no es comparable a la de finales del XVIII. El principio de igualdad ante la ley no lo discute nadie y, si bien la igualdad económica no encaja en la mentalidad liberal y el sistema capitalista dominantes, al menos se reconoce el derecho a una igualdad de oportunidades con todo lo que eso implica. Sin embargo, en las rendijas del sistema de libertades, se forman grupos que por su posición estratégica obtienen ventajas laborales, económicas, etc., que, paulatinamente se van convirtiendo en derechos adquiridos, en privilegios. Lo curioso de la situación es que cuando toda la sociedad, con admirable unanimidad, como se ha visto en el caso de los controladores aéreos, entiende que se trata de privilegios injustificados, sus detentadores se aferran a ellos con ferocidad, entendiendo que son poco menos que derechos inalienables. Algunos lo harán por simple cinismo, pero la actitud laboralmente suicida de la mayoría de ellos demuestra que están realmente convencidos de la justeza de su actitud, lo que resulta verdaderamente sorprendente. Parece que hubiera grabado en nuestra conciencia algo que nos hace valorar una posible preeminencia sobre los semejantes como el bien más apetecible, por el que merece la pena sacrificar cualquier otro y que ciega cualquier sentimiento de solidaridad o de equidad y justicia.
Seguramente es un buen tema de reflexión en el día la Constitución, la que mejor, con mas extensión y más profundidad trata los derechos y las libertades, de entre la casi decena que se han redactado y promulgado a lo largo de nuestra historia reciente.
3 dic 2010
Wikileaks
Se ha hablado mucho del poder. Unas veces teorizando, otras analizando el ritmo de su paso y sus efectos en el pasado. Los historiadores se esforzaban por darnos una visión clara de él y nosotros nos admirábamos: cosas del pasado, pensábamos. En el presente su huella sólo se intuía: el poder es tan poderoso que puede y camufla su poderío. Pero, de golpe, Wikileaks nos ha ofrecido una radiografía de sus negras venas. Lo más profundo de sus vísceras todavía permanece oculto, pero lo que se nos ofrece es suficiente para la inquietud y el alborozo. La inquietud porque hemos descubierto que el poder de hoy es el mismo que veíamos en los déspotas de Oriente, los autócratas de todo el Mundo o los poderes coloniales; alborozo porque alguien lo desnudó para nosotros en la plaza pública. Si no existiera Wikileaks habría que inventarlo.
Los métodos sigilosos de la diplomacia no se llevan demasiado bien con la democracia. Después de la Gran Guerra se puso en marcha un invento que pretendía que los modos democráticos entrara en las relaciones internacionales, que se terminara con la diplomacia secreta, a la que se culpaba en gran medida de la responsabilidad del terrible conflicto que se acababa de superar: la Sociedad de Naciones, precedente de la ONU actual. Se vivían momentos de euforia democrática, se analizaba el triunfo como la victoria de los demócratas sobre las autocracias. Fue un fiasco. Ciertamente se había dado un paso, pero sabemos hoy que, en las relaciones internacionales, la ley del más fuerte sigue permitiendo el uso de la coacción, la amenaza, el chantaje, como en el pasado. La ética, la moral que rige las relaciones individuales desaparece ante los más crudos intereses del poder que, en el caso de la política internacional, llamamos eufemísticamente razones de Estado, mientras que la transparencia, cualidad insustituible de la democracia, brilla por su ausencia. Sigue imperando el criterio que Bismarck, maestro en los enredos de la diplomacia secreta, expresaba con cinismo cuando decía que los ciudadanos quieren salchichas, pero no saber cómo se hacen.
Los cuerpos diplomáticos, las embajadas permanentes nacen con los Estados modernos y fueron consecuencia de la necesidad de comunicarse y de las dificultades físicas de la época para hacerlo. El progreso tecnológico parecía que iba a dar al traste con toda esa estructura, sin embargo los gobiernos no sólo la han conservado, sino que apenas si han transformado sus métodos, evidentemente anticuados, que dan a todo este episodio un aire retro, que mueve a la sonrisa.
Los ciudadanos, perplejos, inquietos y alborozados deseamos que continúe la fiesta, que no se detenga en USA y llegue a otros Estados menores, que alcance a otros poderes, como los económicos, a muchas instituciones estatales o interestatales que ejercen un poder significativo. Queremos conocer el contenido de las salchichas y el método de elaboración.
La Red amenaza seriamente con imponer lo que podríamos llamar la socialización del conocimiento. ¿Lo permitirán los poderes cuestionados y se impondrá la transparencia? ¿Triunfarán las acciones, ya emprendidas, para silenciar y poner límites a la Red? Cualquiera que sea el resultado lo que ha quedado fuera de juego es la inocencia.
Los métodos sigilosos de la diplomacia no se llevan demasiado bien con la democracia. Después de la Gran Guerra se puso en marcha un invento que pretendía que los modos democráticos entrara en las relaciones internacionales, que se terminara con la diplomacia secreta, a la que se culpaba en gran medida de la responsabilidad del terrible conflicto que se acababa de superar: la Sociedad de Naciones, precedente de la ONU actual. Se vivían momentos de euforia democrática, se analizaba el triunfo como la victoria de los demócratas sobre las autocracias. Fue un fiasco. Ciertamente se había dado un paso, pero sabemos hoy que, en las relaciones internacionales, la ley del más fuerte sigue permitiendo el uso de la coacción, la amenaza, el chantaje, como en el pasado. La ética, la moral que rige las relaciones individuales desaparece ante los más crudos intereses del poder que, en el caso de la política internacional, llamamos eufemísticamente razones de Estado, mientras que la transparencia, cualidad insustituible de la democracia, brilla por su ausencia. Sigue imperando el criterio que Bismarck, maestro en los enredos de la diplomacia secreta, expresaba con cinismo cuando decía que los ciudadanos quieren salchichas, pero no saber cómo se hacen.
Los cuerpos diplomáticos, las embajadas permanentes nacen con los Estados modernos y fueron consecuencia de la necesidad de comunicarse y de las dificultades físicas de la época para hacerlo. El progreso tecnológico parecía que iba a dar al traste con toda esa estructura, sin embargo los gobiernos no sólo la han conservado, sino que apenas si han transformado sus métodos, evidentemente anticuados, que dan a todo este episodio un aire retro, que mueve a la sonrisa.
Los ciudadanos, perplejos, inquietos y alborozados deseamos que continúe la fiesta, que no se detenga en USA y llegue a otros Estados menores, que alcance a otros poderes, como los económicos, a muchas instituciones estatales o interestatales que ejercen un poder significativo. Queremos conocer el contenido de las salchichas y el método de elaboración.
La Red amenaza seriamente con imponer lo que podríamos llamar la socialización del conocimiento. ¿Lo permitirán los poderes cuestionados y se impondrá la transparencia? ¿Triunfarán las acciones, ya emprendidas, para silenciar y poner límites a la Red? Cualquiera que sea el resultado lo que ha quedado fuera de juego es la inocencia.
29 nov 2010
Reflexiones sobre la democracia (7). Capitalismo
El pensamiento dominante, en cualquier situación y en cualquier momento, tiene la particularidad de presentar sus presupuestos ideológicos como inevitables y necesarios, debilitando las posiciones alternativas, que se perciben como radicalismos peligrosos o, en el mejor de los casos, como extravagancias ridículas. Lo que llamamos pensamiento único no es más que una fórmula de ideología dominante en el terreno económico y sociopolítico de hoy. Sus presupuestos básicos consisten en considerar que capitalismo, liberalismo y democracia son conceptos convergentes y prácticamente intercambiables. Sin embargo, sus mutuas relaciones se han mostrado, históricamente y en la actualidad, más frecuentemente como conflictivas que como concordantes.
Sobre liberalismo y democracia escribí en otro lugar(1) El capitalismo, por su parte, muestra evidentes contradicciones con el liberalismo. Adam Smith advertía de que la concentración de poder económico «es a la sociedad económica lo que el despotismo a la sociedad política»; pero, «el capital no ha cesado de concentrarse […] por el juego incesante de las fusiones y adquisiciones, bajo la presión de las finanzas»(2). Por su propia condición y por su exigencia de libre concurrencia y competencia, el liberalismo económico acelera la concentración capitalista que, a su vez, mina el liberalismo político en sus médula, deteriorando el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, ya que propone un Estado mínimo, que ha de enfrentarse en la defensa de los derechos ciudadanos a un monstruo, los propietarios del capital, que crece en tamaño y poder sin cesar. Una contradicción que lo aboca a la autodestrucción y que genera, en situaciones de estrés político, latigazos de autoritarismo (medidas de orden público en Francia, USA, Rusia, hoy en Brasil, etc.).
Las crisis de los años finales del XIX y principios del XX (1929) produjeron la primera gran ruptura entre capitalismo y democracia: fascismo, nazismo, franquismo, formulas capitalistas que reniegan airadamente del liberalismo y la democracia; surgidas de un movimiento de defensa del sistema económico que se sentía amenazado por el progreso del comunismo, su coartada; en ellas el dirigismo económico y el autoritarismo político se combina con el mantenimiento del capitalismo. La geopolítica que surgió de la segunda guerra mundial y las luchas sociales, que venían de más atrás, produjeron la primera gran luna de miel del capitalismo y la democracia, bajo la fórmula keynesiana, que se prolongó algunas décadas y alumbró el Estado del bienestar, pero a la que la globalización, comandada por el neoliberalismo, y la crisis, efecto de su propia irrupción, han puesto fin en estos años.
La globalización neoliberal da la impresión de hacer triunfar por todos los rincones del mundo a la democracia, cuando en realidad sólo promueve a la democracia formal ya que a la vez que la difunde la vacía de contenido; por una parte, con la proliferación y crecimiento de instituciones supranacionales (FMI, BM, OMC, BCE, G20…, situadas fuera del control democrático directo) y, por otra, con la movilidad del capital, que los Estados son incapaces de contrarrestar con éxito; ambas herramientas minan la sustancia de las instituciones democráticas (soberanía popular), conservando sólo sus aspectos formales. La supuesta convergencia o identificación entre capitalismo (organización de la economía), liberalismo (organización del Estado) y democracia (soberanía), de la que alardea el pensamiento único, no es más que una situación en la que el capital, dotado de nuevas y poderosas armas se impondría sobre el Estado, liberal en lo económico, conservando las instituciones democráticas reducidas a su fachada. Negro panorama del que sólo se podrá salir desenmascarando y superando los presupuestos de la ideología dominante, el pensamiento único, o lo que es lo mismo, escapando de la jaula en que el capital ha metido al mundo con el señuelo de la globalización.
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1.Reflexiones sobre la democracia (1). Origen.
2.Thomas Coutrot: Capitalisme contre démocratie. En http://www.journaldumauss.net/
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La serie Reflexiones sobe la democracia:
(1). Orígenes
(2). Laicismo
(3). Economía
(4). El Estado
(5). Nacionalismo
(6). Populismo
(7). Capitalismo
Sobre liberalismo y democracia escribí en otro lugar(1) El capitalismo, por su parte, muestra evidentes contradicciones con el liberalismo. Adam Smith advertía de que la concentración de poder económico «es a la sociedad económica lo que el despotismo a la sociedad política»; pero, «el capital no ha cesado de concentrarse […] por el juego incesante de las fusiones y adquisiciones, bajo la presión de las finanzas»(2). Por su propia condición y por su exigencia de libre concurrencia y competencia, el liberalismo económico acelera la concentración capitalista que, a su vez, mina el liberalismo político en sus médula, deteriorando el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, ya que propone un Estado mínimo, que ha de enfrentarse en la defensa de los derechos ciudadanos a un monstruo, los propietarios del capital, que crece en tamaño y poder sin cesar. Una contradicción que lo aboca a la autodestrucción y que genera, en situaciones de estrés político, latigazos de autoritarismo (medidas de orden público en Francia, USA, Rusia, hoy en Brasil, etc.).
Las crisis de los años finales del XIX y principios del XX (1929) produjeron la primera gran ruptura entre capitalismo y democracia: fascismo, nazismo, franquismo, formulas capitalistas que reniegan airadamente del liberalismo y la democracia; surgidas de un movimiento de defensa del sistema económico que se sentía amenazado por el progreso del comunismo, su coartada; en ellas el dirigismo económico y el autoritarismo político se combina con el mantenimiento del capitalismo. La geopolítica que surgió de la segunda guerra mundial y las luchas sociales, que venían de más atrás, produjeron la primera gran luna de miel del capitalismo y la democracia, bajo la fórmula keynesiana, que se prolongó algunas décadas y alumbró el Estado del bienestar, pero a la que la globalización, comandada por el neoliberalismo, y la crisis, efecto de su propia irrupción, han puesto fin en estos años.
La globalización neoliberal da la impresión de hacer triunfar por todos los rincones del mundo a la democracia, cuando en realidad sólo promueve a la democracia formal ya que a la vez que la difunde la vacía de contenido; por una parte, con la proliferación y crecimiento de instituciones supranacionales (FMI, BM, OMC, BCE, G20…, situadas fuera del control democrático directo) y, por otra, con la movilidad del capital, que los Estados son incapaces de contrarrestar con éxito; ambas herramientas minan la sustancia de las instituciones democráticas (soberanía popular), conservando sólo sus aspectos formales. La supuesta convergencia o identificación entre capitalismo (organización de la economía), liberalismo (organización del Estado) y democracia (soberanía), de la que alardea el pensamiento único, no es más que una situación en la que el capital, dotado de nuevas y poderosas armas se impondría sobre el Estado, liberal en lo económico, conservando las instituciones democráticas reducidas a su fachada. Negro panorama del que sólo se podrá salir desenmascarando y superando los presupuestos de la ideología dominante, el pensamiento único, o lo que es lo mismo, escapando de la jaula en que el capital ha metido al mundo con el señuelo de la globalización.
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1.Reflexiones sobre la democracia (1). Origen.
2.Thomas Coutrot: Capitalisme contre démocratie. En http://www.journaldumauss.net/
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La serie Reflexiones sobe la democracia:
(1). Orígenes
(2). Laicismo
(3). Economía
(4). El Estado
(5). Nacionalismo
(6). Populismo
(7). Capitalismo
22 nov 2010
Irlanda y los escarabajos
Irlanda es un pequeño país que aparte el whisky, la cerveza y su propia independencia no se le conocen mayores gestas (antes, en la alta Edad Media, llenó de monjes media Europa, pero aquello ya está olvidado, pelicos a la mar). Por lo que la conocemos todos los que hemos leído algún texto de historia universal es por la gran hambruna de mediados del XIX. La patata, que poco tiempo antes había venido de América, fue la salvación de buena parte de la Europa del norte, poco apta para el cereal por el frío y la humedad. Los irlandeses lograron una benéfica asociación entre patatas, cerdos y aldeanos por la que el tubérculo alimentaba a ambos y los irlandeses se nutrían de los dos. Todos vivían felices hasta que apareció un cuarto en discordia: el Leptinotarsa decemlineata o escarabajo de la patata, coleóptero al que nadie había invitado pero que dejó a los cerdos y a los irlandeses a dos velas. El hambre que asoló el país produjo una memorable catástrofe demográfica por las muertes y la emigración: millones de irlandeses quedaron sepultados junto a las patatas que no acababan de cuajar o saltaron el océano en busca de mejores tierras. Uno de tantos episodios de la lucha del hombre con la naturaleza, que no tienen brillo, ni generan héroes, como las batallas que protagonizan los guerreros, pero que produce derrotas o victorias más importantes que aquellas. En este caso, una lacerante derrota que sólo el tiempo, muchísimo tiempo, logró apaciguar. Cuando Irlanda ingreso en la UE era todavía uno de los países pobres del continente.
Dios aprieta pero no ahoga, dicen aquellos que ven a Dios en todas las gracias y desgracias humanas. El ingreso en el club de los ricos tuvo, como para España, efectos salvíficos, algunos aseguran que milagrosos. El país de las brumas entró en calor. Primero los fondos europeos, después el euro, con el aliño del precio bajísimo del dinero, la desregulación y el descenso de impuestos propiciados por los visionarios del neoliberalismo, la lengua inglesa que los nacionalistas no habían logrado erradicar y una burbuja inmobiliaria que hubiera hecho las delicias de Jesús Gil, todo ello lo convirtieron en un paraíso del nuevo capitalismo triunfante, asentado sobre un casi paraíso fiscal, que atraía multinacionales como la miel a las moscas. La UE era la nueva patata para Irlanda, sólo que ahora no se limitaba a saciar el hambre sino que aportaba todos los refinamientos, el lujo y los excesos de la riqueza, amén del orgullo y la vanidad de sentirse admirados y envidiados. ¿Quién iba a sospechar que el tubérculo estuviera infectado por un nuevo coleóptero de caparazón más duro que el Leptinotarsa y de apetito mucho más voraz? De momento el tragón escarabajo ha dejado sin sustancia a la totalidad de la banca; por su parte, el Tesoro Público ha quedado sin aliento en un intento de tapar con dinero los túneles que abría el bicho. Ahora los irlandeses, como antes los griegos, se han entregado, abatidos por fin, en manos del FMI y de sus socios europeos, que arruinarán su paraíso de cartón piedra, poniéndoles difíciles las cosas de nuevo y dejándoles la sensación de que alguien les tomó el pelo.
Como los habitantes de la dulce Éire siempre fueron muy religiosos les queda rezar, puede que arriba no les tengan en cuenta la movida contra los curas pedófilos ¡Quién iba a saber!
Dios aprieta pero no ahoga, dicen aquellos que ven a Dios en todas las gracias y desgracias humanas. El ingreso en el club de los ricos tuvo, como para España, efectos salvíficos, algunos aseguran que milagrosos. El país de las brumas entró en calor. Primero los fondos europeos, después el euro, con el aliño del precio bajísimo del dinero, la desregulación y el descenso de impuestos propiciados por los visionarios del neoliberalismo, la lengua inglesa que los nacionalistas no habían logrado erradicar y una burbuja inmobiliaria que hubiera hecho las delicias de Jesús Gil, todo ello lo convirtieron en un paraíso del nuevo capitalismo triunfante, asentado sobre un casi paraíso fiscal, que atraía multinacionales como la miel a las moscas. La UE era la nueva patata para Irlanda, sólo que ahora no se limitaba a saciar el hambre sino que aportaba todos los refinamientos, el lujo y los excesos de la riqueza, amén del orgullo y la vanidad de sentirse admirados y envidiados. ¿Quién iba a sospechar que el tubérculo estuviera infectado por un nuevo coleóptero de caparazón más duro que el Leptinotarsa y de apetito mucho más voraz? De momento el tragón escarabajo ha dejado sin sustancia a la totalidad de la banca; por su parte, el Tesoro Público ha quedado sin aliento en un intento de tapar con dinero los túneles que abría el bicho. Ahora los irlandeses, como antes los griegos, se han entregado, abatidos por fin, en manos del FMI y de sus socios europeos, que arruinarán su paraíso de cartón piedra, poniéndoles difíciles las cosas de nuevo y dejándoles la sensación de que alguien les tomó el pelo.
Como los habitantes de la dulce Éire siempre fueron muy religiosos les queda rezar, puede que arriba no les tengan en cuenta la movida contra los curas pedófilos ¡Quién iba a saber!
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