8 dic. 2011

Teta y sopas


Tengo un problemilla psicológico que el día menos pensado me lo haré mirar: cuanto más suben de tono las críticas a Merkel más necesidad siento de defenderla, aunque malditas las ganas de dar la cara por una señora que luce un equipamiento ideológico en mis antípodas, o eso creo.
La solución, dicen, está en los “eurobonos”. Si todos nos hacemos responsables de la deuda de todos, la presión de los mercados se esfumará. Perfecto. Solo que conviene tener en cuenta que en el primer “todos” destaca Alemania y en el segundo los que estamos en apuros, si no la cosa no tendría sentido. Llegados a este punto se suele introducir el principio de solidaridad: los germanos deben mostrar solidaridad, ¿acaso no se han beneficiado ellos de la construcción de un mercado común? Recuerdo una anécdota significativa: con ocasión de una cumbre iberoamericana en Madrid, uno de los presidentes, en conversación privada que hizo pública un micrófono abierto, expresaba a Vicente Fox, de México, su asombro por el progreso reciente de España, a lo que el mejicano contestó: “Esto lo ha pagado todo Alemania”, mostrando a continuación su decepción porque USA no hubiera desempeñado el mismo papel en América. Exageraba y simplificaba el mandatario americano, pero los que tenemos suficiente edad recordamos lo que era nuestro país antes de entrar en el Mercado Común, como se llamaba entonces, y en lo que se ha convertido; que Alemania siempre fue el mayor contribuyente neto y que España fue el mayor receptor de fondos de la comunidad hasta las últimas ampliaciones. Puestos a recordar podríamos también traer a colación que cuando Alemania emprendió la reunificación sólo recabó ayuda política de sus socios, a pesar del esfuerzo económico y los ajustes que necesitó, raíz, en buena medida, de su buena situación actual.
Más. Cualquiera que haya visitado Alemania recientemente se habrá percatado de que allí se respira austeridad. En vano buscará alardes del tipo de la Ciudad de las Ciencias valenciana o AVEs a mogollón ¿Por qué habrían de avalarnos caprichos de nuevo rico? Debe ser un problema mío, pero cuando desde aquí se reclama solidaridad a Merkel siento esa extraña sensación que llamamos vergüenza ajena.
Tampoco sobraría que señaláramos el papel de perro del hortelano que tan bien representa el Reino Unido, no queriendo estar ni quedar descolgado de algo más ambicioso que se pueda construir en Europa. También es llamativa la insolidaria posición de Irlanda que ha construido casi un paraíso fiscal dentro de la eurozona, aprovechando la tolerancia de sus socios, para después mostrarse ella intolerante y obstruccionista. En el catálogo de desaires, desplantes e irresponsabilidades también cuenta la dejación que Italia ha hecho de sus posibilidades como gran potencia, sumida en una crisis política desde hace décadas y en su incomprensible deriva casi circense de los últimos años. La trayectoria de España ha sido más seria, pero, aparte lo dicho, durante el mandato de Aznar se alineó junto al UK y USA en el nefasto suceso de Irak, desairando a Francia y Alemania y resquebrajando la unión en la UE, mientras en lo económico alardeaba de éxito cabalgando sobre una burbuja que todos conocían pero nadie se atrevía a pinchar. Polonia, Austria, Finlandia, Hungría han coqueteado con la extrema derecha ultranacionalista en diversos momentos en detrimento del europeísmo. Grecia no ha dado muestras de la más mínima seriedad como Estado, Portugal ha sido incapaz de aprovechar las ayudas recibidas desde su ingreso para mejorar su infraestructura económica...
He citado a algunos de los veintisiete; si nos limitamos a la eurozona más se evidencia la necesidad y justicia del liderazgo franco alemán, mal que nos pese. Es más, cuando no han asumido protagonismo lo hemos tomado por apatía y les hemos criticado la irresponsabilidad, ahora que lo hacen les achacamos egoísmo aunque no lo evidencien más que los otros, como he mostrado arriba.
No sé si las medidas que proponen van en la dirección que yo entiendo por progreso, si es el camino más corto o el más penoso, pero tengo la convicción de que si Europa sigue siendo un horizonte deseable la única posibilidad es ésta. Cuando se reclama más democracia en las decisiones sólo se quiere decir que la voz de todos los Estados valga igual, sea Chipre o Alemania, Eslovaquia o Francia, pero eso no es sino nacionalismo y sólo conduce a la parálisis. Es bien sabido que la participación ciudadana directa es hoy mejorable pero imposible de aplicar por completo, dada la distancia todavía abismal entre intereses e idiosincrasias nacionales. Hay que buscar un equilibrio entre la participación ciudadana individual y la de los Estados, porque esta suerte de democracia indirecta y de mandato de “los mejores” es altamente insatisfactoria; pero, entre tanto, hay que remontar el bache y para ello sólo veo el liderazgo franco alemán y soltar lastre: desprenderse de los que no deseen avanzar.
Merkel y Sarkozy nos calientan los ánimos y nos inducen a la crítica agria y casi al insulto, pero sin ellos haría demasiado frío y caeríamos en la parálisis. A todos nos dijeron en algún momento que teta y sopas no podía ser.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente artículo. Muy buena referencia a la austeridad y a la desigualdad tributaria en Europa...Irlanda como caso a estudio !

Saludos
Mark de Zabaleta

Máximo Pretoria dijo...

Ver la actualidad política desde los ojos de Arcadio siempre nos permite aumentar la agudeza visual varias dioptrías. Excelente artículo sin duda. Yo también estoy a favor de la dura opción que han tenido que tomar Francia y Alemania; separarse del grupo pero, para liderar al grupo. Merckozi ha apostado por más unión frente a las dificultades y asumir los siempre agridulces términos del liderazgo. Muy distinta, sin duda, la opción de los británicos, que han optado por la opción del Judas, traicionar a los socios de la moneda única y huir.

Alemania está haciendo lo que nadie se hubiera atrevido a pedirle, y la nobleza de su actuación la comprobaremos en un futuro si, trascurrida la crisis, es capaz de volver a su posición anterior.