6 may. 2013

La encuesta


La última encuesta del CIS nos muestra con crudeza el vía crucis en que se ha convertido nuestro itinerario político a estas alturas de la crisis económica. Todos los datos que muestra son reveladores, pero muchos de ellos también inquietantes.
Crece el número de los descontentos con el Estado autonómico, muchos optan por su desaparición. Pero al mismo tiempo crece el número de los independentistas (uno de cada tres en Cataluña). El reparto territorial de las opiniones muestra que las primeras triunfan en el centro y las segundas en la periferia. Pienso que el rechazo de lo existente es de por sí penoso (hace escasos años se aceptaba mayoritariamente como un hallazgo histórico); que haya una polarización en la discrepancia, preocupante; que se polarice territorialmente, alarmante. Nada de esto es una novedad, lo que incita la zozobra procede de su incremento, de su marcha imparable, de la frustración de una vía de solución que hace nada parecía real.
Las instituciones del Estado se desploman en la consideración de los españoles, desde la corona a la judicatura, pasando por los partidos, el parlamento o los sindicatos y sin perdonar al defensor del pueblo o a instituciones sociales como la prensa. Pero, atención, aprueban las fuerzas armadas: Guardia Civil, Policía y Ejército. No es posible pasar por este capítulo de la encuesta sin sospechar que lo que se rechaza es el sistema democrático que nos otorgamos hace unas décadas, ya que todas las instituciones sobre las que los ciudadanos tienen algún control (por mejorable que éste sea) se hunden en su consideración, mientras que salvan a aquellas sobre las que no tienen ninguno, ni directo ni casi indirecto y que representan la coacción física del Estado (también el orden y la defensa pero estos no están amenazados hoy en absoluto). A la vez, las características que definen al régimen y que, se pensaba, superaban traumas históricos, monarquía parlamentaria y Estado autonómico, pierden su antigua buena valoración.
Hay otros muchos datos, algunos chocantes, como que descienda más rápidamente en la intención de voto el PSOE que el del gobierno, que lleva más de un año aplicando la política que ha profundizado la crisis, y que lejos de plantearse dudas al respecto anuncia más de lo mismo para los próximos meses. Quizás la clave esté en la cocina, que llaman los sociólogos y que se aplica a esta cuestión del voto. Pero si no, lo que muestra es un refugio en las posiciones conservadoras y un abandono del centro izquierda y su derivado, el Estado del bienestar, por mucho que se oigan lamentos por su desaparición ¿Lágrimas de cocodrilo?
De los resultados de la encuesta se pueden hacer muchas lecturas, yo hago la mía. Me temo que revelan en la población una cierta inclinación hacia un autoritarismo aún difuso que podría irse concretando si continúa la penosa situación económica. Esa deriva favorece los nacionalismos que se identifican con centralismo en el centro, mientras que en la periferia lo hace con el separatismo que en Cataluña y País Vasco (Urkullu está avisando de acciones similares a las de Mas para dentro de unos meses) es ya una amenaza real con capacidad de contagio.
Dada la situación, no puedo evitar hacerme algunas preguntas: ¿Se vería hoy con ojos más benevolentes un suceso como el 23F? Algún país de la UE, mitad por la crisis, mitad por su peculiar evolución histórica, ha caído ya en el autoritarismo: Hungría ¿Estamos lejos de ese situación? En el otro tema, ¿realmente nos parece fantasioso y lejos de lo posible un escenario parecido al yugoslavo? Me refiero a la atomización del país, no a la guerra.
Sin duda se trata de una lectura pesimista, pero la cuestión no es el cariz de la misma sino si tiene visos de realidad. Si fuera así convendría, en lugar de buscar culpables entre los demás, ejercicio poco fructífero, tratar de encontrar cuáles de nuestras actitudes favorecen la situación y proceder en consonancia y con racionalidad (con racionalidad quiere decir sin apasionamiento, lo que significa renunciar a emociones manipuladoras e ídolos de purpurina). Casi nada.

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