22 mar. 2016

Refugiados: el dilema

El acuerdo sobre refugiados suscrito en Bruselas con Turquía es una mierda. Muchos así lo vemos: hay ayuntamientos que han arriado la bandera europea de sus balcones en señal de protesta. Pareciera que los políticos firmantes son extraterrestres o gentes infiltradas desde no se sabe dónde, que no tienen ni idea de lo que quieren los pueblos a quienes dicen representar, o que van a lo suyo, que tampoco sabe nadie lo que es. Pero fijémonos en un detalle: Ángela Merkel estuvo en boca de su pueblo por haber dicho a una adolescente inmigrante que Alemania no podía acoger a todo el mundo y que lo sentía pero tenía que ir pensando en su marcha; rectificó y ante la avalancha siria se mostró acogedora y abrió las puertas del país; despertó las iras del pueblo más que antes; rectificó otra vez y ahora promueve el acuerdo con Turquía; de nuevo el pueblo pone el grito en cielo. ¿Cuántos pueblos hay? ¿Cuántas voces tiene el pueblo?

Sin duda pueblo son los que se indignan ante la inactividad europea y su comportamiento miserable en Bruselas. Pero también son pueblo los holandeses que humillaban a mendigas rumanas en la Plaza Mayor de Madrid y les gritaban no paséis la frontera. También son pueblo los militantes y los votantes de Verdaderos Finlandeses, de J. M. Le Pen, de Pegida (Patriotas europeos contra la islamización de Occidente), del Partido Nacional Demócrata Alemán, del Amanecer Dorado griego, etc., etc. También es pueblo el que ocupa el taburete a mi lado en el café y echa pestes de todo tipo de inmigrantes sin que nadie le pregunte; también los que los explotan de mil maneras posibles, los que no entienden por qué hay tantos refugiados jóvenes que podían quedar en su país para defenderlo o para reconstruirlo, ni por qué no han abierto sus puertas de oro los estados archimillonarios de Arabia…

El pueblo somos todos y por eso su actitud es contradictoria, lo somos uno a uno, juntos no digamos. Su voz es cacofónica, un griterío incomprensible. Sólo los políticos, por una mera cuestión de supervivencia, han aprendido a sacar algo en claro de la algarabía popular. Por la cuenta que les trae, saben detectar las corrientes de opinión subterráneas como el zahorí las de agua. Luego tendrán que aguantar las iras de los que opinan en contrario, de los que callaron cobardemente y de los que les transfieren sus pecados para que sean expiados en ajeno ¿Quién está dispuesto a enfrentarlos a solas, teniendo tan a mano víctimas propiciatorias disponibles?

¿Es el Ibex 35, como está de moda decir ahora, quien se opone en el camino de los de refugiados? El capital siempre se frotó las manos con la sobreabundancia de mano de obra, que la abarata, y más de refugiados, que garantiza la entrada de gentes de clases medias, con formación. No nos engañemos, el capital, los mercados, como mucho serán neutrales. La opinión contraria y no siempre explicitada que los políticos han detectado, como algunos animales presienten los terremotos, está en otro lado: en mi islamofobia construida sobre el miedo a perder o deteriorar el medio laico y democrático tan penosamente logrado y siempre prendido con alfileres; en el temor de mi vecino en el bar de que el mercado de trabajo se sature para perjuicio suyo, de sus hijos o sus nietos; en el que calcula el prorrateo per cápita del coste; en los deseos de las familias de que sus hijos tengan compañeros de pupitre ‘normales’… En los xenófobos, ultranacionalistas y otras raleas fanatizadas que empieza a dejar de ser minoría y amenazan ya el equilibrio político actual. En el pueblo, porque todo eso está en el pueblo, mezclado con sentimientos solidarios hacía los que sufren situación tan dolorosa.

Una desgarradora contradicción interna que no ayuda a resolver el problema pero que es tan humana como la necesidad de hacer algo.



2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Gran artículo...

efurom1 dijo...

La opinión que expones sobre el acuerdo con Turquía se puede decir más alto pero no no más claro...Los firmantes no son extraterrestres. Van a lo suyo. No acabo de entender muy bien los bandazos de Merkel y no sé si en Alemania habrá algunos (muchos o pocos) que los comprendan.
Si "el pueblo somos todos" (los que se indignan y los que humillan, etc.), estarás de acuerdo conmigo (?) en que entonces ese concepto no sería muy útil para analizar la situación actual. Algunos podrán hablar, por ejemplo, en nombre del pueblo español pero ¿qué sería eso?. Y ya hablar de pueblo europeo, ni te cuento...
Un abrazo: Emilio