¿Por qué en España no tenemos unos independentistas normales
como todo el mundo? Los quebequenses, los escoceses, los corsos… reclaman su
independencia como hace cualquier secesionista que se precie, pero no por eso
denigran al país del que hoy por hoy son parte. Ninguno de ellos dicen querer
la separación porque en el Reino Unido, Canadá o Francia no haya democracia.
Sería chusco que lo hicieran. En España es distinto. El secesionismo catalán
monta un espectáculo en Bruselas y el eslogan que utilizan pide democracia para
Cataluña, lo que libera la idea de que ahora no la hay. Para redondear la
insinuación y convertirla en afirmación tildan de fascistas o franquistas al
gobierno de la nación, a los que apoyan la aplicación del constitucional artículo
155 y, en general, a todos los que no comulgan con sus propósitos.
9 dic 2017
1 dic 2017
Morir de éxito o el declive de la socialdemocracia
Tengo para mí que el
declive de la socialdemocracia, que se evidencia ya por todas partes, tiene por
causa principal el éxito. Muere de éxito. Es decir, alcanzó sus objetivos y, a
estas alturas, en estas circunstancias y con aquellos mimbres ya no encuentra
curro.
Es una obviedad decirlo, pero la
socialdemocracia es un fenómeno propio de la modernidad: necesitaba del seno placentario
que proporcionaba el liberalismo pre o protodemocrático. La existencia de una clase
obrera numerosa y de ciertas libertades individuales, políticas y de mercado
fueron las condiciones para que surgiera un movimiento emancipador con un
proyecto de sociedad con fundamentos científicos, como el socialismo. Los numerosos precedentes que se suelen aportar, desde la antigüedad a los tiempos modernos, no son válidos sin más. Quiero
decir que no es oro todo lo que reluce, porque ni Espartaco tenía un proyecto de
sociedad antiesclavista ni ningún líder de los múltiples, y muchas veces
sangrientos, disturbios igualitarios bajomedievales o premodernos hubiera
existido fuera de la iglesia y sin el combustible de cierta mitología cristiana alimentadora de esos movimientos, que eran “pobristas” (renuncia a los bienes materiales, voluntaria o forzosa, siguiendo un supuesto mandato evangélico) más que liberadores; lo que no quita para que deban ser analizados como expresión de la lucha de clases en el esclavismo, el feudalismo o el precapitalismo.
10 jul 2017
Pensar el Estado
Leo en José Mª Ridao
que cuando la nación se convierte en un dios la historia sustituye a la
teología. En efecto, para que el mito se revista de unos mínimos ropajes de
racionalidad requiere de un discurso que utilice apariencia científica. Hay que
entender, sin embargo, que la historia es algo mucho más modesto (en el sentido
de más terrenal). Decía Marguerite Yourcenar: «[La historia] no se hace cuando
se produce, sino siempre después, no pasa sino que se fabrica, no sucede sino
que es algo que se inventa una vez que haya sucedido. Así que la historia es la
forma que luego damos a lo que pasó, no exactamente aquello que pasó y que
cuando pasaba pocas veces parecía ser historia». En definitiva, una construcción
contemporánea del pasado, de la que la contemporaneidad es siempre parte
indeleble. Convertida en ciencia sagrada la historia solo sirve como arma: arma
defensiva a la que recurrieron insistentemente los diputados en Cádiz en 1812,
justificando cualquier propuesta revolucionaria con supuestos antecedentes
hallados en el pasado de los reinos hispánicos; arma ofensiva que blandían con
furia los ‘apostólicos’ seguidores
de D. Carlos en las guerras que trataron de cerrar el paso a la modernidad
imponiendo la vuelta a una soñada edad de oro.
24 jun 2017
Politiqueo
Dicen los diccionarios que politiquear es hacer política con
superficialidad o en beneficio propio, y también hacer política de intrigas y
bajezas. Eso es lo que nos harta, el polítiqueo, no la política. La tentación
es fuerte y podríamos decir que pocos, muy pocos políticos, se han mantenido
siempre ajenos a las tácticas y estratagemas del polítiqueo; la carne es débil.
Es decepcionante en cualquier caso, pero resulta insoportable cuando es la
regla y la excepción la política. En esas estamos. Extraer un gramo de política
de un océano de politiqueo es tarea ardua, pero es lo que nos toca cada vez que
intentamos un análisis honesto de las acciones e intenciones del mundo de la
cosa pública.
11 jun 2017
Democracia, emoción y racionalidad
En la toma de decisiones de todos los individuos la
racionalidad juega un papel más bien modesto, son las emociones las que nos
impulsan. A posteriori tratamos luego de justificar lo hecho con toda suerte de
argumentos racionales, tanto más sofisticados y ajustados a la cuestión cuanto
más nos las demos de intelectuales y racionalistas. El resultado podemos situarlo
después como causa de la acción sin que se nos mueva un músculo de la cara. En
realidad la razón lo que tiene es prestigio (nos definimos como animales
racionales), pero, en la práctica, mucho más éxito como coartada que como motor
o guía efectiva. Por eso hay tanta distancia entre predicar y dar trigo, tantas
grietas en eso que llamamos coherencia, o sea, concordancia entre el discurso,
interno o externo, y el camino que realmente transitamos. Casi todo el esfuerzo
intelectual se nos va en disimular distancias y encubrir grietas.
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