28 ago. 2008

El orden y el caos

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La conocida frase de Sócrates “sólo sé que no sé nada” tenía una intención didáctica, no era más que la manifestación de un método, la mayeutica o ironía socrática, porque la situación de ignorancia absoluta es impensable e inquietante en extremo. Necesitamos de algunas certezas para vivir, no importa su veracidad, sino que nos sean útiles para ocultar el vacío al que nos enfrenta el desconocimiento y la duda. A veces la verdad a la que podemos acceder no cubre esas expectativas y entonces recurrimos a cualquier fantasía que nos proporcione la seguridad que anhelamos. Con su humor extraordinario decía Jardiel Poncela: “cuando descubrimos la verdad nos damos cuenta de lo deliciosa que era la mentira”.

Pero no quiero hablar de la mentira y la verdad, sino del orden y del caos, aunque viene a ser lo mismo. El Mundo es caótico, en el sentido que dan al caos los físicos y los matemáticos; el orden, en cambio, es tan sólo un producto de nuestra mente, una simplificación de la realidad que nos permite orillar el vértigo de lo inabarcable.

Los logros de la inteligencia humana usando del método científico han sido inmensos y, sin embargo, una de las conclusiones más importantes a que se ha llegado en los últimos tiempos es a la convicción de que la sociedad, el clima, el Universo… son impredecibles en su comportamiento por el ingente número de factores que entran en juego, imposibles de tener en cuenta en su totalidad. Sistemas dinámicos, le llaman los matemáticos y a su estudio, teoría del caos. Según todas las evidencias hemos estado construyéndonos un mundo habitable, ordenando, clasificado, organizado, jerarquizado… sólo porque nuestro intelecto no soporta la ambigüedad, la indeterminación; pero lo que hay ahí afuera es otra cosa.

Desde el principio de los tiempos el hombre se ha defendido del caos, que es un habitat hostil, formulando respuestas contundentes a las preguntas más turbadoras. Así han nacido las religiones, afirmando responder a las dudas sobre nuestro origen y finalidad en el Mundo; así se han generado teorías sobre el Estado y el poder, justificando la arbitrariedad de la dominación de unos sobre otros… Más que sabiduría lo que nos han aportado es paz a nuestro espíritu, porque no buscábamos la verdad, sino seguridad, orden; a costa, naturalmente, de la verdad, a la que, hasta el momento, no se le ha encontrado utilidad alguna.

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