28 sept. 2010

Huelga

Cuando nacieron las primeras organizaciones obreras actuaron durante mucho tiempo en la clandestinidad, donde la ley las recluyó, porque al liberalismo imperante le parecía una coacción intolerable que los trabajadores se presentaran asociados frente a los patronos, rompiendo la sacrosanta ley de la libertad de mercados, o porque generaban conflictividad social o porque eran un nido de delincuentes y agitadores... Hoy, con motivo de la convocatoria de huelga, una legión de comentaristas argumenta que los sindicatos son organizaciones obsoletas, que su tiempo ya pasó, que son un nido de parásitos alimentados por las subvenciones estatales y las obligadas aportaciones empresariales. Las críticas van dirigidas contra los sindicatos de clase, como si el concepto mismo de clase se hubiese evaporado y hubieran quedado por tanto sin objeto. Son los mismos que anunciaban el fin de las ideologías, el fin de la política, el fin de la izquierda, los adalides del pensamiento único. Lo que hay apolillado, lo que huele a naftalina, en una argumentación que apenas maquilló las premisas para mantener las mismas conclusiones desde el XIX, es el propio discurso.

Sin embargo, a pesar de la anemia argumental, a pesar de la refutación de la historia, son palabras que encuentran eco fácilmente. Los sindicalistas han sabido siempre muy bien lo difícil que es organizar a los que viven, o caen, en la marginación social, sector que la depresión alimenta. En nuestro tiempo, además, los sindicatos, integrados por fin en el sistema institucional de las democracias, se convierten con suma facilidad en objeto de rechazo cuando surgen actitudes antisistema, tan frecuentes en los momentos de crisis; denostados por los de arriba y sus satélites –la fuerza de atracción del poder o del dinero es equiparable a la de la gravedad en el mundo físico–, pero también por aquellos que los tildan de traidores o adocenados porque los perciben como parte del establishment, que rechazan. Y no hago mención del porcentaje, bien sustancioso, de actitudes o argumentos que dejan descaradamente al descubierto sólo cinismo e hipocresía, vicios comunes en todas las clases, porque son atributo de la humanidad.

Nosotros, europeos, no concebimos la democracia sin una compleja trama de logros sociales. Es lo que hemos venido a llamar Estado del bienestar. Por supuesto que hay teóricos, cada vez más, que reniegan de él, pero la mayoría de ciudadanos nos lamentamos de su deterioro actual y de las amenazas que se ciernen sobre su permanencia. Pues bien, en la construcción del sistema y en su mantenimiento los sindicatos han tenido un papel tan protagonista que es imposible entenderlo sin ellos. Hoy, cuando los partidos de izquierdas o están lejos del poder o el huracán liberal los ha maniatado, su única defensa eficaz parece depender de los mismos; la huelga de mañana es una muestra.

No seamos tan estúpidos o tan cínicos que nos lamentemos de la pérdida de derechos sociales y a la vez neguemos el agua y la sal a los sindicatos que los hicieron posibles. Tan tonto y contradictorio como llorar nuestra situación por la crisis y atacar con encono a nuestra única defensa.
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4 comentarios:

jaramos.g dijo...

Los sindicatos... Cuando hablamos de estas cosas, creo yo que hemos de precisar a qué nos referimos. Porque no es igual tratar acerca de "los sindicatos" en general, o sea, acerca del concepto, de la "teoría"..., que hablar de una organización sindical concreta. Tu artículo, excelente, creo que se refiere a lo primero y es indiscutible la necesidad de la existencia de sindicatos y de la acción sindical. Distinto es que juzguemos a CC.OO., este que hay ahora, y UGT, el de ahora también; que valoremos su trayectoria, su manera de sostenerse, la cantidad de afiliados, sus estrategias, etc., etc. Casi me atrevo a afirmar que la mayoría de nosotros tendría algún "defectillo" que denunciar. Un juego semántico parecido se dio cuando el "no, a la guerra": ese eslogan nos une a mcuhos, muchísimoa, a casi todos, seguramente; la guerra, así en general, siempre es la peor salida. Pero, a veces, en circunstancias muy concretas, "tal" o "cual" guerra tal vez sea el mal menor, inevitable. Insisto, es un juego semántico. Juego perverso en manos de gente perversa (¡y es tan abundante en la política!). Saludos.

A. R. C. dijo...

Nada que objetar a lo que dices. Lo que pasa es que tu comentario adolece también, creo yo, de la misma generalidad que critícas. En mi artículo, quizá no con demasiada fortuna, me refería a los sindicatos realmente existentes, no a una abstracción. Fíjate que he sido afiliado de uno de ellos desde la clandestinidad hasta mi jubilación (mas de 30 años) así que sé algo de lo que eran, de lo que son, sobre sus afiliados, etc., y puedo decirte que no veo defectillos, sino muchos defectos, algunos graves, pero dentro hay crítica y debate permanente, lo que desde fuera se suele interpretar como algarabía las más de las veces.
Es evidente que existe una corriente de opinión contraria al sindicalismo, que se esfuerza por resaltar sus defectos e ignora absolutamente sus virtudes, y que no es ajena al ambiente neoliberal que se respira. Contra eso iba mi artículo.
Un abrazo, que en la discrepancia es tan afectuoso como en la convergencia.

velarde dijo...

Nuestra unica defensa?, crees realmente que los sindicatos de hoy defienden los derechos de los trabajadores?, el sindicalismo hoy en dia esta total y adsolutamente desacreditado, un sindicalismo anclado en mantras del pasado, que vive en la opulencia, conchabado con un gobierno de imcompetentes, y recibiendo subvencion tras subvencion, mientras los verdaderos curritos las pasamos putas para poder llevarnos el pan a la boca.DEMAGOGIA Y POPULISMO barato son los argumentos de esta nueva clase de vividores y olgazanes.

A. R. C. dijo...

No tengo mucho que añadir a lo ya dicho. Tu durísima crítica demuestra hasta qué punto ha calado el discurso de la derecha. Te diré que si echas una mirada hacia atrás siempre los sindicatos fueron denostados por las clases "bienpensantes", con argumentos, según los tiempos, pero equiparables a los tuyos. Lo que es nuevo es la gran cantidad de trabajadores que se han unido ultimamente a la jauría. Lamentable.
Saludos.