14 nov. 2011

Por qué se llama magos a los expertos financieros

          A propósito de la presentación de los balances trimestrales en la banca francesa el economista Philippe Herlim escribe en “Atlantico” cómo los bancos manipulan sus resultados.
No sabía yo que la contabilidad era un arte de la especie del ilusionismo ya que a primera vista parece una práctica prosaica y aburridísima. Nada más lejos de la realidad. Un resumen de lo que cuenta Herlim de los bancos galos, extensible a los españoles, americanos, etc., os sacará del error, si es que pensabais lo que yo, y os inducirá a la sincera admiración de tan mágica disciplina, como me ocurriera a mí mismo.
Es evidente, aparte de lamentable, que éste trimestre no ha sido en la banca de inversión como para tirar cohetes. BNP Paribas, el más importante banco francés ha anunciado un descenso de sus beneficios netos que supera el setenta por ciento, aunque asegura que más de la mitad de la reducción se debe a la depreciación de la deuda griega. Con todo, sus ingenieros contables todavía pueden presentar unos beneficios de 786 millones de €, incluyendo la“revalorización de la deuda propia” (245 millones €). Aquí habrá que hacer una parada porque suena rarito ¿De verdad se ha revalorizado la deuda de alguien?
Uno de los procedimientos que los bancos utilizan para obtener pasta con la que funcionar, ya que el mercado interbancario está atascado por haber desaparecido la confianza mutua (ellos sabrán por qué) es la emisión de deuda. Justo como hacen los Estados, solo que en este caso se llama “deuda soberana”,en forma de “bonos” o “letras”, y en aquel “deuda corporativa”, en forma de“obligaciones”. Si un banco emite obligaciones que valen 100, quien las compre pagará esa cantidad al banco, recibirá un cupón anual (interés) y esperará el reintegro del capital al final del proceso.
Como los bancos las están pasando canutas y su futuro inspira cierto recelo la deuda se ha depreciado y si el comprador quiere venderla en el mercado secundario no podrá hacerlo, pongamos, por más de 60. Si el banco comprara todas esas obligaciones a 60, como dice el mercado, habría obtenido por arte de birlibirloque un beneficio del 40%. Y eso es lo que hace, sólo que virtualmente. Por supuesto su situación ni siquiera le permite realizar esta operación, su caja no está para ejercicio tan potente; pero, como aquí todo es virtual (incluido el dinero) lo registra “como si” lo hiciera, y, en el caso de BNP Paribas, se apunta 245 millones en concepto de “revalorización de la deuda”, cuando lo que hubo en el mundo real (¿quién se toma hoy en serio a la realidad?) fue una depreciación y, por tanto, fueron pérdidas, no ganancias lo que se obtuvieron. ¿Hay quién dé más?
Apunta Philippe Herlin, que si Grecia, cuya deuda (350.000 millones) se depreció en un 50%, hiciera lo mismo podría no sólo beneficiarse de la reducción sino anotarla como ingreso en sus presupuestos (175.000 millones). Desternillante.
Lo curioso del asunto es que tan brillante operación de magia contable no es fraudulenta, como algún ingenuo habrá supuesto, sino que es práctica habitual y legal en la banca europea y americana, amén de virtuosa (tiene la virtud de permitir a los bancos presentar bonitas cuentas de resultados, de lo que se sigue el pago de sustanciosos bonus a sus directivos). Además la magia divierte y fascina a todo el mundo Aplausos.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Lo que está claro es que si el papel lo aguanta todo, los números permiten todavía más posibilidades de juego, y la Teoría de juegos da para mucho !

Saludos
Mark de Zabaleta

jaramos.g dijo...

¿Puede llegar todo este proceso a crear una "burbuja" financiera, que nos estalle en las manos como la del ladrillo? Si es así, ¿significará eso el "fin del mundo" que tanto temíamos de niños hasta perder el sueño a veces? Salud(os).

P.S.: Se me olvidó decirte en mi anterior comentario que los asuntos referentes a lengua y comunicación los meto ya todos en un blog que he refundado: jaramito.blogspot.com. Ahí si que podrás meter tu pluma (supongo) cuando quieras. Si ya te lo dije, perdona mi "ranciería".