27 feb. 2013

Un nuevo Cortés

Ha saltado a la prensa recientemente la revisión que el arqueólogo y antropólogo francés Christian Duverger ha hecho de la figura y el papel que jugó Hernán Cortés en la conquista e incorporación del Nuevo Mundo a Occidente, en trabajos que el investigador lleva años realizando. Lo que les ha dado carácter de actualidad y el acceso a la prensa diaria es su obra más reciente Crónica de la Eternidad (Ed. Taurus, 2012) [primeras páginas en este enlace], en la que expone la tesis de que la Verdadera historia de la conquista de Nueva España[i], una cumbre de la historiografía de la conquista, y aún de la literatura del XVI, no fue redactada por su supuesto autor, Bernal Díaz del Castillo, sino por el propio Cortés. Una cuestión de bulto que sorprende que no se haya planteado antes, a la vista de los datos que Duverger resalta en una estructura argumentativa llena de sentido común.

Moctezuma II, Cortés y La Malinche
No se resolverá la duda creada, por el momento, pero sí que atraerá el foco de la investigación durante mucho tiempo. Llama la atención que sea de nuevo un investigador extranjero el que husmea en el pasado de los españoles para poner en solfa lugares comunes que no han sido removidos por la historiografía nacional durante siglos. A pesar de que nuestra nómina de historiadores es amplia y de calidad hay que reconocer que probablemente ningún otro gran país de nuestro continente se ha beneficiado tanto del interés de investigadores foráneos (hispanistas), hasta el punto de que es difícil encontrar un aspecto de nuestra historia en que no haya sido decisiva la intervención de alguno o algunos de ellos. No es cuestión de lamentarse, pero sí de preguntarse si acaso la investigación propia, como en otras ramas del saber, es o no deficitaria.
La aportación de Duverger no se limita a la autoría de la Verdadera Historia…, sino que introduce nuevos parámetros para valorar la figura del conquistador, personaje relevante en el XVI español y absolutamente decisivo para el devenir de México y, en general, de América desde esas tempranas fechas.
El comportamiento brutalmente depredador de los primeros castellanos asentados en el Caribe, sin otro pensamiento en la cabeza que un rápido enriquecimiento (la preocupación cristianizadora o la de dar nuevas tierras a la Corona eran, obviamente, pretextos para acallar conciencias y obtener beneplácitos), produjo un velocísimo despoblamiento de la región; dicho de manera más cruda pero más exacta, el genocidio irreversible de la población caribeña. Ninguno de aquellos primeros europeos sobre el Nuevo Mundo supo elevarse sobre tan mezquinos objetivos; ninguno construyó en su mente un proyecto ética o políticamente digno, salvo algún eclesiástico y, quizás, si hemos de seguir a Duverger, Hernán Cortés.
Ciertamente los castellanos se vieron pronto afectados por la disminución de la población, de la que eran únicos responsables. Todos acudieron al Nuevo Mundo dispuestos a afrontar los “trabajos” (esfuerzos, sacrificios) necesarios que les proporcionaran fama y fortuna; pero, ninguno tenía la intención de conseguirlo trabajando (en el moderno sentido del término), que era actividad vil, impropia de la nobleza de vida a la que aspiraban. Así pues, necesitaban a la población indígena, que ellos mismos diezmaban, como mano de obra imprescindible. Es el principal motivo que permitió a partir de entonces la conservación de la población en el continente (allí donde ya era tarde comenzó la importación de esclavos africanos).
 Algunos trascendieron esa concepción utilitarista. Hernán Cortés, según deduce Duverger (incluso de su vida familiar) concibió la idea de una nación mestiza en su México recién conquistado, enfrentando incluso los intereses de la corona, con la que, por otra parte, mantuvo más conflictos que entendimiento.
Merece la pena la revisión de la figura de este conquistador singular y contradictorio, tanto para la historia de España, necesitada de un alivio por el genocidio americano, como para la de México, tan inclinado hoy al indigenismo y el mestizaje como esencia nacional.



[i] Se puede acceder al texto completo de esta obra en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Interesante revisión histórica...


Saludos
Mark de Zabaleta