5 mar. 2013

El tiempo de la no política


Caen los partidos, suben los movimientos. En el tiempo de la no política los partidos no tienen espacio. Así lo han entendido tantos italianos otorgando su voto al Movimiento 5 estrellas. En España el movimiento 15M no acabó de cuajar y se ha multiplicado o transmutado en otros, con clara preferencia por una fecha como nombre (el calendario no compromete ideológicamente). Posiblemente las dificultades de maduración se deban a que esté demasiado cerca el tiempo en que, por estas tierras, señoreaba el Movimiento nacional, criatura de Franco, cuyos principios juró el rey, antes de serlo, claro, y para serlo. La fobia del dictador hacia la política, los partidos y los sindicatos, así como sus ocurrencias para llenar el vacío que dejaban, lo están convirtiendo en un precursor. De guardián de las esencias de Occidente a profeta de los nuevos tiempos. Vivir para ver.

Los partidos portan en su esencia, y en el nombre, la conciencia de representar a una parte, de compartir ideología e intereses con sólo un sector de la sociedad. Los movimientos no se llevan bien con la pluralidad. tienen ínfulas totalizadoras y sólo soportan (en teoría) un debate interno (el famoso contraste de pareceres franquista), porque para ellos el pueblo es uno e indivisible, inocente e indefenso, fácil de engañar, por políticos y sindicalistas, naturalmente; los cuales, por otra parte, ejercen una intermediación espuria y fácilmente prescindible. Por eso los movimientos aman el referéndum, la consulta directa. Antes no, pero ahora se puede prescindir de toda veleidad representativa: las nuevas tecnologías nos lo ponen a huevo. El wikigobierno, que leí hace días en uno de estos neoengendros posmodernos. En tiempos del Movimiento nacional (hoy se llamaría 18J) las tecnologías de la comunicación no pasaban del teléfono con operadora y de la radio, así que hubo que transigir con la representación, pero, eso sí, con revolucionarios criterios corporativistas, no partidarios: la democracia orgánica. Todo muy natural.
Hasta ahora he establecido paralelismos quizás injustos, quizás producto del chocheo que a casi nadie de mi edad perdona, pero soy consciente de la imaginación y variedad de propuestas de las nuevas generaciones de no políticos. Siguiendo hace días el enlace que una bloguera amiga me proponía desemboqué en la web de El Partido X, Partido del futuro. Nacido del 15M, se muestra desengañado del estilo asambleario y opta radicalmente por la red para su proyecto, que ellos llaman: democracia, y punto. La primera sorpresa es que la X representa incógnitas reales: los promotores y miembros del partido (90, según dicen) son desconocidos, pero, eso sí, muy majos (abominan de toda publicidad y protagonismo);  no hay programa porque éste surgirá de la wikiconsulta al wikipueblo que ellos, los 90 de la fama, pondrán en orden y publicarán a primeros de marzo (está al caer), si no te has enterado y quedaste fuera, se siente; éste programa, quintaesencia de los deseos de todos los españoles se ofrecerá a todos los partidos, parlamentarios, etc. para que lo copien a placer y al gobierno para que lo trate en el Consejo de Ministros, pero si «no lo hacen, no os preocupéis, este trabajo no se ha perdido porque en el Futuro ya hemos ganado, ya tenemos Democracia y Punto. Si no lo hacen ellos lo haremos nosotros, todos.» A esto llaman Primer Jaque y aseguran que del siguiente ya nos enteraremos por la red.
Estas payasadas sólo moverían a risa si no fuera porque me consta que hay muchos que le otorgan credibilidad y porque hemos visto como prosperaban ante nuestros ojos proyectos como el GIL, o, en Italia, el Movimiento 5 estrellas (El Partido X se declara hermano) con un payaso auténtico a su frente, por no hablar de Berlusconi y los suyos.
El sistema de la Transición está en crisis. Urge meter mano en la Constitución, la organización territorial, la monarquía, la ley electoral, la ley de partidos… Pero nada nos exige que perdamos la cordura y caigamos en la insensatez. Ya otros están transitando por esos caminos para escarmiento nuestro. Aprendamos de la experiencia ajena y de la nuestra pasada y evitemos la soberbia y la estupidez de creernos descubriendo el Mediterráneo cada mañana. Es necesario forzar a los partidos a esa reflexión por todos los medios al alcance de nuestras capacidades e imaginación, pero negarlos como sistema válido para vertebrar la representación democrática sólo conduce al suicidio político. Esto no es una afirmación gratuita, está experimentado con sangre en nuestro pasado reciente.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Gran artículo. Está claro que falta organización...y un líder que la transmita !

Saludos
Mark de Zabaleta