24 mar. 2013

Una alternativa


Lo que hemos dado en llamar Estado del bienestar es el desarrollo de políticas, con cargo a impuestos o tasas de diverso tipo, encaminadas a librar subsidios y generalizar servicios gratuitos (sanidad, enseñanza…) que permita a los ciudadanos que no cuentan con el respaldo de una gran renta, hacer frente con dignidad a sus necesidades básicas y contingencias vitales. No entraré ahora en el debate de qué parte corresponde a un movimiento defensivo del capitalismo ante las amenazas del socialismo revolucionario y cual a las conquistas del movimiento obrero en sus frentes político y sindical; aunque, no estaría de más considerar que la inflexión a la baja, en la que estamos, tiene su origen en los años 80, la misma década en que se produjo el crack político de los países llamados de socialismo real. En cualquier caso es el resultado de luchas seculares, muchas veces traumáticas.



Las crisis económicas han reabierto periódicamente la polémica de si hay que reducir las prestaciones (políticas de austeridad) o, por el contrario, ampliarlas (políticas keynesianas). En la actual se ha impuesto con claridad la idea de que hay que liquidarlas, no ya reducirlas. Naturalmente los gobiernos se cuidan de hacerlo gradualmente y de preparar a la opinión pública, como se la prepara para que asuma el esfuerzo y las privaciones de una guerra. Toda crisis tiene su final, aunque esta podría estar para nosotros todavía a una década de distancia; pero, cuando salgamos de ella, con toda probabilidad, el Estado del bienestar será historia. Su liquidación no habrá sido la consecuencia de la necesidad, sino de la imposición de una rancia doctrina liberal reciclada para la ocasión; en un momento en el que el movimiento obrero es ya historia por el desclasamiento (pérdida de conciencia de clase) de los trabajadores y la desaparición de referentes reales (crack de la URSS) y utópicos (desmitificación del marxismo).
Repasando la historia encontramos que nada cementó más la lucha obrera, nada obtuvo más adhesiones y prestigió más a las organizaciones obreras y sus objetivos que el largo combate por la consecución de la jornada de ocho horas, que era un horizonte casi utópico cuando se inició. Tuvo que enfrentarse incluso al escepticismo de muchos trabajadores que contagiados del argumentario burgués pensaban que sólo iba a aumentar la incuria y falta de responsabilidad de muchos asalariados; aparte, naturalmente, de la idea de su insostenibilidad económica. Aprendamos la lección.
Levantar una bandera con las mismas dosis de pragmatismo e ilusión sería probablemente la única salida para una izquierda derrotada y para dar un giro a esta deriva retro que corroe la sociedad conseguida, como aquella niebla se tragaba el mundo de fantasía de La historia interminable. ¿Cómo conseguirla?
Se ha venido desarrollando y consolidando en los últimos años la reclamación de una Renta Básica de Ciudadanía, «una asignación monetaria incondicional para toda la población, sin otro requisito que la ciudadanía». Tal subsidio sería incompatible con cualquier otro, estaría exento de tributación y lo percibirían todos los ciudadanos, incluidos los menores (un tipo reducido), porque se concibe como un derecho, no como una ayuda. Contra lo que a primera vista pudiera parecer, los estudios realizados por D.Raventós han demostrado que con una reforma del IRPF, que no cambiaría sustancialmente el nivel de tributación actual, y la supresión de cualquier otro subsidio, que devendría innecesario por redundante, sería  perfectamente sostenible.
Ya escribí en otra ocasión sobre sus condiciones y ventajas, pero la mejor información la encontraréis en Red Renta Básica. El último artículo que leí sobre el particular y su adecuación a tiempos de crisis como los que vivimos fue el de J. A. González ¿Es la Renta Básica una utopía?.
Ojalá tuviéramos la capacidad y la lucidez necesarias para, no ya contener el deterioro del Estado del bienestar, sino para, dando un salto cualitativo, asentarlo sobre una base más sólida, como puede ser la Renta Básica de Ciudadanía o Renta Básica Universal. La reclamación de la imposición de una democracia real ya, calma el espíritu. La lucha por un objetivo socioeconómico concreto generalizable y justo pone los cimientos para conseguirla.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente artículo, con importantes reseñas sobre esa "renta utópica"...que nuestros políticos no saben alcanzar....

Un cordial saludo
Mark de Zabaleta