26 feb. 2014

¡No nos toquéis las ficciones!

Qué no nos toquen las ficciones. Los espejismos son nuestros. Los periodistas, los historiadores… ya tienen la realidad para hacer lo que quieran con ella ¿Quién se lo impide? Pero los cuentos no. Esos sólo son nuestros. Lo de Évole, ficcionando alevosamente el 23F para luego desvelar el engaño, ha sido blasfemo, se ha adentrado en el terreno de los sueños, aunque en este caso se tratara de una pesadilla. Es nuestra y punto. Debería decirlo la Constitución: Toda ficción, religiosa, infantil, política, etc. es propiedad de quien la disfrute, aunque cualquiera estará autorizado a jugar con ella recreándola, modificándola o alterando sus términos, pero, en absoluto, desvelando la realidad.

Yo tengo, como cualquier hijo de vecino, todo un entramado de ficciones laboriosamente adquiridas y entramadas, hasta formar un constructo desde cuyas huecos y terrazas veo el mundo pululando a mis pies o ante mis narices. No es de recibo que cualquier desalmado haga tambalear el artilugio dinamitando uno de los nódulos claves, para decirme al poco que era una broma. ¿Qué me importa a mí la realidad? Lo que no aguanto es el vértigo cuando hacen vibrar el armatoste.

Desde que Cervantes nos contara la vida del hidalgo manchego en este país tenemos una peculiar convivencia con la ficción y la realidad. Las mezclamos, las confundimos, pero eso no nos crea incomodidad,  lo que no toleramos es que se ponga en duda la ficción. A don Quijote, al final, le costó la vida, por mucho que Sancho tratara de evitarlo tironeándole compasivo hacia el mundo de la fantasía, él que había sido la encarnación de la realidad. Ni a mi peor enemigo le deseo un final parecido.

El movimiento se demuestra andando: 1) Aquí nos encontramos cómodos con un ministro que condecora a una virgen sevillana con la medalla al merito policial, cuando todo el mundo sabe que en Málaga la misma virgen, aunque con otro alias, ocultó de la justicia al bandido Zamarrilla, nada menos que bajo sus ropas (manto, falda, refajo, rebozo… no ando muy seguro con la indumentaria femenina de época). 2) Y ya que estamos en Andalucía y en vísperas del día de la comunidad (28F) a nadie extraña que el Estatuto nos declare una nación, lo que en Cataluña fue anatema, sin que haya otro motivo que no perder comba o que qué se creen los catalanes; una obra maestra del derecho político ficción. 3) Todos sin excepción nos entendemos con la neolengua que ha puesto de moda el gobierno, llamando prosperidad a la miseria, blanco a lo negro o manjar a la mierda (y concertinas a los alambres de espinos); hasta hay quien lo encuentra divertido e incluso un punto racial ¿No llamaban La Contrahecha a una bailaora con cuerpo de infarto? Podría seguir y no parar con más ejemplos, pero ya dice el proverbio que como muestra basta un botón.

A nadie hubiera molestado que Jordi Évole diera su versión alucinada de los sucesos por increíble que resultara. De hecho todo iba como la seda hasta un momento antes de que terminara el programa. Lo jodido fue que nos dijeran que aquello era mentira, que perdonáramos porque se trataba una broma inocente. Automáticamente fuimos transportados, todos sin excepción, al día nefasto en que nos torturaron con aquella crueldad (verdad) gratuita de que los Reyes Magos eran los padres. Absolutamente intolerable.

Jordi, no vuelvas a tocarnos las ficciones.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente forma de tratar esta tomadura de pelo...

Saludos