1 feb. 2014

Una gráfica reveladora

Del blog de Alberto Garzón, diputado de IU por Málaga he extraido la gráfica histórica de intención de voto que inserto bajo este párrafo y cuya fuente es el CIS. La serie abarca de enero del 96 a julio del 2013 y como podemos ver resulta  muy reveladora.


Las líneas que representan los votos sumados de PP más PSOE (negra) y la abstención más blancos (gris) parecen imágenes especulares la una de la otra, lo que viene a confirmar el escaso papel de las demás fuerzas políticas; o, lo que es lo mismo, la enorme fuerza del bipartidismo, de modo que los votos que pierden ambos partidos pasan casi íntegramente a la abstención, ignorando otras alternativas. Puesto que se trata de intención de voto habrá que concluir que los presuntos electores tienen interiorizado el bipartidismo, que apenas sería deudor de la ley electoral, contra lo que se suele decir.

A continuación conviene señalar que la tendencia en las dos líneas es prácticamente horizontal hasta 2008, en que empieza un declive en la primera que se corresponde con un ascenso en la segunda, leves al principio, pero que se acentúan a partir de finales de 2011, hasta que a finales de 2013 se cruzan e invierten. Obviamente el desencanto parece hijo de la crisis.

Las elecciones generales de 2004, 2008 y 2011 aparecen marcadas con nitidez por cumbres significativas en la curva de partidos y valles, casi igual de profundos que aquellas elevadas, en la abstención. Muestran de esta forma que en las encuestas previas a los comicios el desaliento ha desaparecido, o casi, y los electores vuelven a participar como casi siempre. Todo dentro de lo común en una democracia madura.

La crisis parece el único factor que ha alterado una situación bastante normal, especialmente desde que la crisis financiera y de la deuda se convirtió en crisis económica. Históricamente las crisis económicas son seguidas de alteraciones políticas, y viceversa, las crisis políticas siempre se ven precedidas de crisis económicas de algún tipo. Su importancia depende de la profundidad y permanencia de éstas. Nada que no se pudiera prever. Lo impredecible será todo lo demás: el momento, los modos y el alcance; la multitud de factores en juego hace muy complicada una predicción siquiera aproximada de tan temidas (o esperadas, según la perspectiva) convulsiones.

Que en los últimos meses la abstención prevista supere la suma de los sufragios obtenidos por los dos partidos que han monopolizado el gobierno en los últimos treinta años, y que las formaciones alternativas no se beneficien apenas de ello, sólo puede significar que esa masa de ciudadanos se sitúa fuera del sistema “voluntariamente”. De momento el proceso es pasivo.  Se corresponde con otro económico pero de la misma índole y gravedad: la economía sumergida (25% del PIB. En algunas comunidades más del 30). Muchos ciudadanos encuentran sorprendidos que no tienen cabida ni en el sistema político ni en el económico, que han sido desplazados en la escena y transformados en figurantes.

Para que la situación se convierta en explosiva sólo falta el detonante. No escasean los aspirantes: la crisis secesionista planteada por la Generalitat catalana, que responde a una inquietud entre los ciudadanos de esa región, sobre la que ha convergido el malestar económico actuando de amplificador, oportunamente explotada por los partidos catalanistas; las tensiones por la liquidación del raquítico estado del bienestar de que disfrutábamos, incompatible con el nuevo modelo neoliberal que, en realidad, por una falta ancestral de perspectiva y perspicacia políticas, casi nadie es consciente de haber votado; la asfixia económica, en fin, unida a la frustración ante una imposible recuperación del bienestar en los próximos años a causa una política equivocada u orientada a otros objetivos…

Hasta ahora ha sorprendido la tranquilidad social ante situación tan difícil, de modo que apenas si se percibe la irritación más que en protestas sectoriales o locales como la PAH, Marea Blanca, Gamonal… (el 15M ya apenas si es humo), o en el gráfico que comento. Esperemos que en el futuro inmediato no nos sorprenda la violencia.

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