9 may. 2014

Europa en la palestra


Habitualmente nos debatimos entre el deseo de una Europa que borre realmente fronteras y un nacionalismo que se revuelve molesto contra cualquier instancia que amenace la soberanía nacional. Son sentimientos encontrados que encuentran difícil acomodo racional en nuestra conciencia y nos empuja a una situación esquizoide. Nadie está libre de esta experiencia. En los foros donde se debate sobre Europa siempre flota en el ambiente, sobre los argumentos que se esfuerzan en fundamentarse racionalmente, esta contradicción emocional entre el deseo de la utopía futura que nos espolea y la experiencia de la realidad histórica que nos lastra con fuerza.


Para colmo, lo que los españoles oímos o leemos sobre Europa, ahora en la palestra por las próximas elecciones, son en un elevadísimo porcentaje un conjunto de sandeces, lugares comunes, ocurrencias sin fundamento y contradicciones flagrantes. ¡Qué difícil elevarse sobre los polos de aquella contradicción y esta mediocridad! El nivel entre los políticos candidatos y los gurús de los medios deja mucho que desear y las aportaciones de intelectuales o políticos de altura simplemente no existen.

El capital europeísta acumulado en la ciudadanía, por las frustraciones históricas de generaciones y los complejos sedimentados en las conciencias por la contemplación de una Europa brillante (espejismo quizás) desde la caspa nacional se está diluyendo sin que parezca que vaya a ser sustituido por otro de mejor fundamento. La experiencia enriquecedora, cultural y económicamente, obtenida desde el ingreso amenaza con esfumarse entre los humos cegadores y tóxicos de la crisis.

Y sin embargo, Europa existe. La UE de hoy es el resultado del caminar de aquella Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) (1951) y de los posteriores Tratados de Roma (1957) que establecieron la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Euratom. Hasta el Tratado de Lisboa, hasta las primeras elecciones al Parlamento que lo van a poner sobre los pies, es la historia de un éxito, mal que le pese a tanto profeta del apocalipsis, a tanto iluminado que pretende hacer la revolución hacia atrás.

Me da pereza enumerar ahora los pasos reales entre aquel comienzo vacilante y la realidad presente. No lo haré. No obstante sí que me apetece dar testimonio de una Europa intelectualmente viva y activa, que se sitúa, como no, en el ámbito en que se gestó el proyecto, Francia y Alemania.

En la revista Sin Permiso he leído la traducción de Nuestro manifiesto para Europa firmado por Thomas Piketty et alii (el famoso economista francés que ha puesto de moda los estudios sobre la desigualdad y del que escribí recientemente). En él se hace referencia al colectivo alemán Grupo Glienicke (de su declaración de principios sólo encontré versión en alemán e inglés) con el que se declara coincidente en gran medida.

El manifiesto es breve y preciso. Nada mejor que leerlo cliqueando en el enlace. Lo que me interesa en este momento es constatar que no sólo ha habido avances decisivos en los últimos tiempos sino que éstos han abierto nuevos caminos que transitar. La UE sigue siendo un proyecto excitante, que es lo mejor que se puede decir de cualquier obra humana. Se puede señalar  que tiene un abultado déficit democrático, pero también que ahora es más democrática que nunca y, en todo caso, que la democracia no se regaló nunca, tampoco ahora para esta cuestión. Tener esto en cuenta a la hora de decidir si se vota o no, o a quién se vota es decisivo.

Por último. Europa ha sido construida por gobiernos de países democráticos sin excepción. Si hoy es un reducto de la derecha y del liberalismo se debe a que en los países miembros se han votado a partidos que lo han permitido o lo han promovido. Nunca conduce a nada eludir responsabilidades. Si esto no nos gusta lo que conviene es que reflexionemos sobre si acaso es que no nos damos cuenta de que hay una mayoría que quiere las cosas así y, en todo caso, si estamos haciendo algo eficaz para cambiar la situación.

6 comentarios:

Lorenzo Garrido dijo...

La Europa actual tiene los pies de barro; en mi opinión solo puede desplomarse. Falta saber el cuándo y el cómo.

Lorenzo Garrido dijo...

En cuanto a la opinión de la mayoría, la pongo en cuarentena; está demasiado influenciada por la TV. La gente opina lo que opina la TV. Y pedirle a una minoría que cambie las cosas es mucho pedirle; o se pone la mayoría a trabajar por el cambio, o no hay nada que hacer. Luego, a partir de ahí, cada uno hará lo que pueda para que esto cambie.

Arcadio R. C. dijo...

No estoy muy de acuerdo con tu primera afirmación. Esos pies a los que te refieres se han hecho con la economía y, pese a los vaivenes presentes, nada hay más sólido. Otra cosa es que estemos conformes con su orientación presente.
Cierto que las opiniones mayoritarias pueden no infundir demasiada confianza, pero ese es el riesgo de la democracia ¿No te parece?

Lorenzo Garrido dijo...

¿Nada más sólido que la economía? He ahí una buena cuestión para debatir.

"Las opiniones mayoritarias pueden no infundir demasiada confianza, pero ese es el riesgo de la democracia", dices. Ya el padre Feijoo afirmaba en el siglo XVIII que no porque lo diga la mayoría va a ser verdad. Las mayorías pueden equivocarse (como las minorías). El número no da necesariamente la verdad.

"¿Ese es el riesgo de la democracia...?" Se dice últimamente que esto no es una democracia, nunca lo ha sido. El riesgo de la democracia es que se vea sometida a la voluntad de unos pocos. Si unos pocos manipulan la opinión popular, ¿qué m... de democracia tenemos entonces?

Mark de Zabaleta dijo...

¿No es Europa un gran despilfarro? Porque cada uno de los 751 diputados al Parlamento Europeo que salen de las urnas, y que trabajarán un máximo de 134 días al año, ganarán 6.200 Euros netos al mes más 4.295 euros para gastos generales. Hay que añadir 17.500 euros mensuales para asesores y personal junto a dietas etc.

Muchos expertos coinciden en que la verdadera ¿única? utilidad del Parlamento Europeo es garantizar un puesto bien retribuido a los políticos que cada país necesita “aparcar” lejos del escenario nacional = un cementerio de elefantes…BIEN PAGADO!

¿No estamos en Crisis y con un paro del 26% en España?

Saludos

Manuel Reyes Camacho dijo...

Me ha gustado mucho tu artículo porque estoy completamente de acuerdo en que Europa es un proyecto ilusionante. Yo diría más, es el mejor proyecto social que la humanidad actual tiene entre manos. Un proyecto que está en línea con la flecha que orienta el sentido de la evolución de las sociedades a lo largo de la historia, y que también está el línea con la recientemente estudiada empatía de las sociedades.
En cambio me entristece constatar lo difícil que resulta para mucha gente comprender en qué dirección y sentido marchamos.