25 may. 2015

Vergüenza ajena

Todavía no se había acostado Rajoy, enzarzado en el análisis de las elecciones en busca de algo con qué disimular la colleja recibida, cuando un grupo de romeros en lucha a brazo partido con otros no menos esforzados asaltaban en Almonte la reja de la ermita para sacar en procesión la imagen de la Diosa Madre cristianizada que aquí llaman Rocío.


A mí me da vergüenza. Acribillar a un toro a lanzazos o pasear un ídolo en olor de multitudes con fervor tan furioso me produce ese sentimiento incomodísimo que llaman vergüenza ajena; sobre todo si compruebo en el calendario que andamos por el ecuador de la segunda década del siglo XXI después de Cristo, ahí es nada. También me pasa con Rajoy y sus acólitos, pero eso es otro cantar. Cuando era niño solían decir los mayores de mi entorno «este niño es muy vergonzoso». Será eso. El caso es que entre romerías, encierros, semanas santas, ferias taurinas, elecciones, etc., un rubor se me va y otro se me viene. Si, para colmo, en la jornada de reflexión te meten por la tele el festival de Eurovisión, la cosa se convierte en más que preocupante, entonces la motivación para la vergüenza te viene de Azerbaidjan, Finlandia o Eslovaquia. La globalización de la vergüenza ajena.

He pensado en emigrar a tierras vírgenes, bueno semi porque vírgenes vírgenes es sabido que no hay. Por ejemplo, al otro lado del Círculo Polar o a las selvas amazónicas, pero me han desanimado los que conocen las aburridísimas costumbres de los inuit y el trato que dan a los bebés focas o la feroz violencia de los yanomanis y la esquilmación de la fauna amazónica, solo comparable a la de la flora por parte del capitalismo brasileiro (según parece el idilio entre indígenas y medio ambiente no es encanto puro sino puro cuento).

Está decidido, me acerco a tierras de beduinos a mercar algún trapo para tapar la cara, nikab, burka o algo así, no sé si hay modelos masculinos pero me da igual. Alá es grande, fijaos como dotó a su pueblo de medios con los que tapar las vergüenzas, que, de sobras conocía, iban a ser incontables. ¡Qué bien sabía Él lo duro que sería hacer tanta tontería a cara limpia! ¡Allahu akbar!


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