14 feb. 2010

Monedas e imperios

He leído en alguna parte que los británicos jamás aceptarán el Euro porque nunca abandonarían la Libra, emblema económico del Imperio, de la época más gloriosa de su pasado. Parecería que los demás no tenemos historia. Para empezar, el signo más universal del poder americano, por el que se le reconoce en el mundo entero, el símbolo del dólar ($), es de origen español.


A partir del S. XVI la monarquía española incorporó a su escudo de armas las dos columnas con la leyenda plus ultra (trasunto del mito de Hércules y del estrecho de Gibraltar como fin del mundo conocido), que simbolizaron el imperio ultramarino. En los territorios de las colonias el motivo de las dos columnas alcanzó notable desarrollo en la iconografía oficial de la monarquía, que lo utilizó con profusión en los edificios públicos o en las monedas acuñadas en las cecas americanas (Lima o México), como ésta que reproduzco, un real de a ocho, moneda de plata, también llamada peso fuerte o peso duro(1).


Se trataba en realidad de una moneda de ocho reales que en su época (Ss.XVII y XVIII) se convirtió en la primera divisa internacional, circuló por Europa, América y Asia, es decir, el mundo, y fue universalmente apreciada por su ley. En las trece colonias británicas de América del Norte se usó como moneda oficial sobreimprimiéndole un sello del Rey Jorge –la escasez de metálico en Inglaterra y el control de la plata americana por España lo explica–; después de la independencia se siguió usando, y cuando se creó el dólar lo fue a imagen y semejanza de aquel (el peso fuerte o real de a ocho), que siguió utilizándose por su prestigio y mejor ley hasta su prohibición a mitad del XIX. El dólar canadiense y el yuan chino tuvieron la misma relación filial con él. Pero, a lo que íbamos, los comerciantes americanos se acostumbraron a simplificar el reverso del real –una o dos rayas verticales (las dos columnas) envueltas por una ese (la cartela con la leyenda plus ultra)–, para designar a los dólares. Estilizando la imagen troquelada en la cruz de la moneda española se había creado el símbolo más universal de una divisa. Otra teoría explica su origen por la superposición de la P y la S de Peso, como anagrama o abreviatura, también plausible pero menos admitida y, a todas luces, menos hermosa; en cualquier caso el origen en la moneda hispano americana permanece.

Si bien se mira no era la primera vez que una moneda hispánica se convertía en una divisa: en el siglo X el dinar cordobés, acuñado por los califas de al-Ándalus, circuló por Europa, un yermo económico en aquel entonces en donde los autócratas locales no tenían capacidad para acuñar moneda y cuando alguno alcanzó suficiente poder (Carlomagno), lo hizo imitando a la moneda cordobesa.

En ambos casos el dominio de las fuentes productoras de la materia prima fue la clave: la plata americana (México y Perú) en el primero; las rutas del oro que desde el golfo de Guinea desembocaban en el Norte de África, en el segundo. Para eso fue necesaria la vocación imperialista de los dos estados, el cordobés y el hispánico, de la misma manera que el dominio del dólar tiene su paralelo y sustento político en el imperio USA.

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1 Ni que decir tiene que el duro, utilizado como unidad monetaria en el XIX y el XX con un valor de 20 reales, debe a él su nombre. La peseta, acuñada por primera vez por José Bonaparte con un valor de 2 reales y convertida en moneda oficial por el general Serrano en tiempos de Isabel I con valor de 4 reales, también le debe el nombre, aunque convertido en diminutivo, curiosamente formado con un sufijo catalán, no castellano.

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