27 may. 2010

Elogio de la política

Seguro estoy de que con este título me habré enajenado a un alto porcentaje de potenciales lectores, aunque por el morbo, y en compensación, haya atraído a alguno que puede haber pensado: “este tío es un tocahuevos, vamos a ver que dice”. Pues no, el título no encierra ironía alguna, donde digo digo, no digo Diego, digo digo.

Antes (ésta es la palabra que más utilizo desde que me convertí en honorable, pero forzoso, miembro de la tercera edad) la política se movía en torno a unos proyectos, programas (los había mínimos y máximos), de modo que uno tenía meridianamente claro qué podía esperar de esta o aquella opción. El que conseguía el poder, recurría entonces a los técnicos para llevar a la práctica sus expectativas, lo que se lograba o no, según la pericia política, las circunstancias y la honestidad del, o de los, responsables. Cuando la impericia o las circunstancias adversas “doblaban el brazo” al mandatario, tenía, para que no se resintiera su honestidad, que recurrir a recursos excepcionales: la dimisión, el planteamiento de la cuestión de confianza en el parlamento, u otros del mismo tipo que la práctica política pusiera a su disposición. La oposición, por su parte, mantenía entre tanto clara, limpia y esplendorosa una alternativa viable. Al menos esto es lo que uno creía que ocurría o debía ocurrir, nunca hay que descartar el espejismo del cualquier tiempo pasado

Hoy parece que este proceso tan lógico y bien ordenado se ha trastocado por completo: los programas se parecen como gotas de agua de modo que uno se ve obligado a votar emocionalmente y deja la cabeza para otras tareas; Los técnicos no son ya los que hacían posible cualquier proyecto, sino los que marcan las directrices para elaborar los programas, los que dicen lo que hay que hacer, no los que hacen lo que se ha dicho; si el líder hace justo lo contrario de lo que dijo, le bastará con asegurar que lo siente mucho y que llora en silencio, pero que no se va porque no nos quiere dejar solos en tan duros momentos; la oposición, que no recuerda la razón de su existencia, practica el terrorismo político, que puede acelerar el rendimiento electoral. Y digo yo que para qué votar a los políticos si los que van a decidir son los técnicos, que para qué los programas si al final se hará “lo que hay que hacer”, que para qué la oposición si sólo sirve para amargarnos la existencia y no ofrece ninguna posibilidad de cambio real.

¿A dónde vamos por este camino? Evidentemente a la negación de la política. Lo que pasa es que la política no puede desaparecer porque para ello tendríamos que dejar de ser seres sociales; lo que desaparecería sería esta política, ésta en la que los ciudadanos pesan, controlan, deciden, para ser sustituida por aquella otra, cualquiera que sea el nombre que se le dé, en la que se limitarían a ser figurantes. Hay como un impulso hacia el abismo en el interior de cada uno de nosotros, como una ley física ¿o es psicológica? que cuando parece que alcanzamos la luz, tan deseada, empieza a fascinarnos la oscuridad. No encuentro otro modo de explicar lo que sucede.

Está de moda ahora criticar la Transición, pero entonces salimos del pozo, político y económico, gracias al acuerdo de partidos, desde AP al PCE, operación en la que ninguno perdió su peculiaridad y todos ganaron en credibilidad. Eso era política.


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2 comentarios:

eclesiastes dijo...

Lo que es sorprendente es que toda esa "tribu urbana" del sector laboral de la gestión politica se haya puesto de acuerdo en que solo hay 1 camino 1 forma de hacer la Cosa
Publica : socialdemocratas neoliberales de centro radical extremista.
Me gustaba cuando había varios partidos y varias opiniones posibles.
Para escojer entre iguales, casi que preferiría que la elección de cargos se hiciera al Azar, con un bombo y los numeros del D.N.I. y el N.I.E., y a quien le toque ser Rey o Ministro del Amor, que apechuge.
El resultado no creo que fuera peor, y podría ser mucho mejor y más divertido.
El sistema de la insaculación.
Y que nadie ocupe un cargo público más de 2 meses ( de Rey, con un día basta ).

( "Tocagüevos", en català, se dice "torra-collons": tuesta/gratina-cojones. Mi contribución a las carencias en idiomas del Ministerrio de Eduscasión, que no enseña ni los rudimentos de los idiomas españoles )

salúd y reirse, que la cosa no da pa más.

Arcadio R. C. dijo...

No hay constancia de que el sistema de insaculación fuera peor que otros, más bien demostró ciertas ventajas.
Amigo eclesiastes tus notas de lexicología comparada me serán de utilidad, dada mi ignorancia en lenguas modernas.
Salud.