13 may. 2010

Tribulaciones... (5)

Alguien me reveló que el pesimismo es un punto de partida infalible para alcanzar la felicidad: el pesimista, me dijo, sólo puede recibir buenas noticias; imaginando lo peor tiene asegurado el oscuro pero grato bienestar que produce acertar el diagnóstico, o el angélico y empático de errar en la desgracia. He comprobado que es cierto a condición de no leer la prensa: te levantas por la mañana con tu deslumbrante plan catastrófico del día, abres los periódicos y ves que en cuestión de minutos queda pulverizado y reducido a la ignominia del ridículo.

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Como esos individuos que se sientan en un plató televisivo para que una guapa presentadora les diga tras la desesperante pausa de rigor que el ADN confirma que su padre no es el que ellos creían, así me he sentido al conocer la noticia de que algunos de nuestros antepasados eran neandertales. Nada más salir de África en su histórica migración los abuelos paleolíticos la cagaron: las chicas neandertal debían tener un toque de exotismo que las hacía irresistibles. Empezaba a pensar que no hay nada puro en este mundo cuando vino la segunda parte de la noticia: los únicos sapiens fetén, sin mezcla de neandertal ni de nada, son los negros subsaharianos ¡Jo!

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¡Alguien anda rondando mi pensión! Desde hace algún tiempo tengo extrañas sensaciones: Zapatero me rehúye la mirada; además, cuando alguien supuestamente cualificado habla de pensiones acaba farfullando sonidos ininteligibles y se le tuerce la sonrisa. Desde lo de los griegos no me fío de nadie; llámalo manía persecutoria, paranoia o alucinación, pero yo siento la mano (codiciosa, no lujuriosa) de alguien en mi bolsillo. Cuando lo de Lehman Brothers recuerdo que me dije: «tranquilo, yo tengo mi pensión»; ahora, al recordarlo, no puedo evitar un puchero.

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Rajoy le venía diciendo a Zapatero que hay que ver que no hace nada, ayer le dijo que hay que ver lo que ha hecho. No entiendo a los políticos, si yo estuviera en eso, por lo que lucharía es por conseguir la oposición ¡Una bicoca! Se vive del presupuesto igual, pero lo más duro que hace uno cada día es lavarse las manos. De mayor quiero ser la oposición.
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