18 may. 2010

Maldito déficit

No descubriré nada diciendo que el déficit ha sido siempre el gran problema económico de los gobiernos, desde que estos y el dinero existen. Nada más abrir cualquier manual de economía nos encontramos con la afirmación de que las necesidades son ilimitadas pero los recursos necesarios para satisfacerlas, no; la escasez es por tanto inseparable de nuestra naturaleza. Esto es aplicable a las personas individualmente, a las familias y a las entidades de cualquier tipo. Desde muy pronto, en el devenir histórico, los gobiernos trataron de controlar el flujo de dinero, cualquiera que fuera su forma (metálico, papel convertible o no convertible) para, entre otras cosas, financiar los déficit generados por gastar más de lo que se ingresaba. En los tiempos en que la moneda era metálica se rebajaba su ley manteniendo el valor nominal, con el resultado de poder contar con un excedente de numerario que permitiera hacer frente a las deudas. Si el gobierno tenía el monopolio de la acuñación y la moneda era de “curso forzoso” la operación no revestía mayores dificultades, aunque traía como consecuencia la inflación porque la moneda se devaluaba y por tanto los precios subían. La maniobra se simplificó cuando apareció el papel moneda y se facilitó aún más cuando después de la crisis de los años 30 las monedas papel dejaron de ser convertibles, es decir, ya no estaban respaldadas por unas reservas de valores (oro generalmente); quedó así casi reducida la dificultad a un problema de estampación si se excluyen las consecuencias: devaluación, inflación, etc. La prueba de que se frecuentó cada vez más el recurso es que históricamente todas las monedas del mundo se devaluaron, más rápidamente al transformarse en billetes y aceleraron el proceso al dejar de ser convertibles.

En el Antiguo Régimen los gastos suntuarios y la salvaguarda del prestigio y los intereses dinásticos devoraban los ingresos de unas haciendas reales depredadoras y caóticas; en los tiempos modernos las infraestructuras y el gasto social son los pilares con los que se levanta el déficit en unos gobiernos que dependen de la opinión pública; pero, en un caso y en otro, siempre los gastos superaron a los ingresos: los Austria, en la cumbre del poderío hispánico en el Mundo, se enfrentaron varias veces a la bancarrota pese al río de oro y plata que llegaba de América; en el XIX la mayor operación económico social de los tiempos modernos, la Desamortización, se emprendió con el fin de enjugar el déficit crónico (sin logarlo), para lo cual se incautaron y vendieron propiedades de la Iglesia y de los municipios; dos ejemplos dramáticos en un recorrido de siglos en los que nunca las cuentas cuadraron. Hace pocos años, el gobierno Aznar culminó un proceso que venía de atrás logrando sanear las cuentas cuanto exigía la entrada en el eurogrupo, gracias a un crecimiento económico sin precedentes, propiciado por la bonanza internacional y la burbuja inmobiliaria, y a la venta de las empresas públicas, más algún detallito ya olvidado como la congelación salarial de los funcionarios. Hoy la crisis ha pinchado la burbuja, ha erosionado los ingresos, ha aumentado el gasto y ha vuelto a resucitar el déficit, y el problema es que el recurso a la devaluación monetaria ya no es posible porque el euro no es nuestro, como lo era la peseta, y no parece que quede nada por vender, ni burbuja que inflar.

La opinión económica dominante en estos tiempos es que el déficit es intrínsecamente malo, como también la manipulación de la moneda, por lo que los bancos centrales tienden a convertirse en autónomos en manos de “técnicos”, el BCE lo es. No fue siempre así: las políticas inflacionarias fueron las que se aplicaron para la salida de la crisis de los 30, y no hace tanto, cuando aún había izquierda, solían defenderse y aplicarse con frecuencia. Entrar en la polémica parece ocioso, por inútil, dentro de la UE no hay otra alternativa, y parece que fuera de ella tampoco, así que se impone bajar el déficit, lo que significa contraer gastos (menos sueldos, menos infraestructuras, menos gasto social) y aumentar ingresos (más impuestos). Esto es infalible para lo que se pretende, pero de nula eficacia para remontar la crisis, antes bien, la puede profundizar y desde luego prolongar, todos lo sabemos, ellos también.

El paro, descomunal, no ha alterado la paz social hasta ahora, ¿cuánto tiempo más aguantará la situación? Cuando los gobiernos autonómicos tengan que aplicar las medidas de austeridad ¿lo harán sin rechistar? Son preguntas que a mí se me antojan inquietantes, pero tengo otra ¿procurará la oposición aflojar la tensión o decidirá (parece que lo ha hecho ya) agravar y acelerar el proceso?

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2 comentarios:

jaramos.g dijo...

Muchos nos temíamos que un desempleo de tamañas proporciones iba a provocar convulsiones sociales, especialmente cuando la gran masa de emigrantes se viera afectada, antes y en mayor proporción que los nativos. Pero, como apuntas, no ha sido así. Yo me he preguntado muchas veces el porqué en estos últimos meses. Me relaciono casi a diario con emigrantes sin trabajo y he reflexionado sobre su actitud. Creo que su conformismo, su "qué le vamos a hacer", "las cosas están así", etc., es casi innnato, lo llevan en los genes. En sus países de origen reina la tiranía y allí no se protesta por nada, aunque te mueras de hambre. Muchos me recuerdan al pobre niño yuntero de Miguel Hernández, "hecho para el yugo". ¡Y me da una pena...! Otro día te diré lo que les aconsejo. De momento, y por lo que toca a ellos, Zapa puede estar tranquilo, pues están acostumbrados a "la tranca".

eclesiastes dijo...

la solución es muy sencilla, es la de siempre:
- creese una identidad opuesta (catalanes/españoles, emigrantes/turistas/residentes, progres/fachas, pijos/hijosdepapa/vagos/currantes, etc )
- carguese la culpa al Otro
- se deja cocer la masa
- las "economías" no mejoran, pero la población tiene contra quien indignarse y entretenerse con eso

y ya está.

triste que juguemos a estas cosas, sí.
imagina que el Inem sirviera como una ETT y la gente pudiera escojer trabajos y tiempos de trabajo cuando quisiera necesitara pudiera, y dedicarse a sus hobbies vicios ( estudiar, p.e. ) cuando quisiera.
o que reconvirtieramos el Ministerio de "Defensa", p.e.
o que discutir de politica fuera debatir todas las partes de los Presupuestos, en lugar de hacer esgrimas de partido.