21 nov. 2010

Homenaje a Ibrahim Serfaty

La izquierda no vive sus mejores momentos, por eso es especialmente lamentable la desaparición de luchadores que se han agotado en la anterior generación sin tener el consuelo de ver una esperanza de futuro. Es el caso de Ibrahim Serfaty que murió el 18 en Marraquech, con escasa repercusión en la prensa española a pesar del protagonismo de Marruecos en las noticias y debates del día. Fue un judío marroquí de ascendencia sefardí que destacó por su oposición al régimen despótico de Hasan II, aunque ya antes su libertad se resintió por la lucha contra el colonialismo francés. Llegó a ostentar el poco deseable record africano de años de cárcel por razones políticas, después de Mandela. Al fin, en los años 90, la presión internacional empujó al monarca alauí a hacer gala de su despótica generosidad excarcelándolo, aunque privado de la nacionalidad marroquí y obligándolo al exilio. Se dijo entonces que habría salido antes de haber pedido perdón al rey: al parecer la dignidad de los ciudadanos marroquís es incompatible con la de su soberano. Militó en el partido comunista hasta que la actitud contemporizadora de éste le indujo a crear su propio grupo (Ila l-Amam) pero nunca traicionó su pensamiento. Fue partidario de un Estado palestino, solía decir: «Iré a Palestina cuando tenga un Estado, después pasaré a ver a mis amigos judíos que se encuentran en Israel». En el contencioso del Sahara Occidental se mostró partidario de la autodeterminación de los saharauis proponiendo una federación con Marruecos como solución del conflicto. Ser judío y antisionista, marroquí y defensor de la autodeterminación saharaui no es común y, desde luego dice mucho de su opción por la racionalidad y el sentido común. En el 2000 Mohamed VI, entre las medidas de gracia del comienzo de su reinado y como anuncio de una política más liberal, le devolvió la nacionalidad y permitió su regreso. Enfermo ha residido en Marraquech hasta morir a los 84 años.

La izquierda está en retroceso en todas partes, pero en el mundo árabe parece haber desaparecido casi por completo barrida por la inundación islamista que monopoliza por todas partes el favor popular. Hubo un momento en que un socialismo peculiar coloreaba los primeros regímenes laicos, republicanos y nacionalistas: el nasserismo egipcio y el baasismo sirio fueron buenos ejemplos, pero no los únicos; quedaron reducidos a la nada por la evolución política propia y mundial. Militantes izquierdistas lucharon codo con codo con el chiismo iraní para destronar al sha, pero nada más lograrse el objetivo fueron masacrados por el nuevo régimen teocrático. En Palestina siguen vivos los movimientos comunistas y laicos, pero ya vemos el progreso de Hamás en Gaza y la creciente hegemonía de Hezbolá en Líbano. Desde el Líbano a Marruecos los movimientos comunistas oscilaron de la influencia soviética a la maoísta y se enfrentaron o colaboraron, según las circunstancias con el nacionalismo y el islamismo, pero mostraron vitalidad y parecía que futuro, desde los años sesenta a los ochenta. La implosión de la URSS y la transformación de China los dejó huérfanos y el crecimiento del islamismo, como respuesta a Occidente los ha reducido a la mínima expresión; hoy, casi desaparecidos del escenario, han dejado de ser noticia, pese a que, como ayer, son una de las pocas esperanzas de laicidad y democratización de la zona.

En el mes de octubre y por iniciativa del Partido Comunista Libanés se reunieron en Beirut todos los partidos comunistas de la región (mashrek y magreb: oriente y occidente árabes) en un intento de dar vida y unidad al movimiento. Están por ver los frutos, pero los problemas, elección de aliados y cómo hacer frente a la inundación islamista, no parecen fáciles. La presión USA en la zona no es el menor problema, ya que por un reflejo histórico comprensible, la gran potencia sigue viendo en ellos más peligro que en las fuerzas tradicionales y nacionalistas, a pesar de los recientes desmentidos de la realidad y las acciones bélicas que ha provocado y están aún en marcha.

La desaparición de Serfaty es casi un símbolo, pero, sacudiéndonos la melancolía, conviene recordar a un luchador incansable que no triunfó en sus objetivos pero que se ganó el respeto y la admiración de todos los que luchan por los derechos y la democracia.

3 comentarios:

jaramos.g dijo...

¡Cuánto estamos necesitados de personas así, aquí y en todas partes!

eclesiastes dijo...

Creer saber que podemos vivir en sociedad, sin añadir causas innecesarias de sufrimiento, de carencias, de autoritarismo, de desigualdad impuesta,

saber tambien que, a pesar de no estar nada escrito de antemano, y siendo todo posible,
las fuerzas a favor de meternos en grupos de rebaños que ladran a las ovejas del rebaño contrario
son más poderosas,
que es muy probable que cualquier intento de defender la justicia y la libertad seran mal visto, escarnecido, incomprendido, condenado, con pocas probabilidades de exito, con muchas de castigo ...

y, a pesar de eso, seguir donde creemos que debemos estar.

ser judio marroqui y oponerse a los nacionalismos agresivos israeli y marroqui;
si tuviera que tener una patria, escojeria la de ese compatriota.

que la tierra nos sea leve.

Máximo Pretoria dijo...

Ser judío y antisionista, marroquí y defensor de la autodeterminación saharaui no es común y, desde luego dice mucho de su opción por la racionalidad y el sentido común.

Sin duda es el vivo espíritu de la contradicción, solo le faltó ¡ser árbitro de futbol!

Pero coincido con eclesiastes; hay que ser siempre crítico con las fuerzas a favor de meternos en grupos, de meternos en rebaños de conformistas!!!