23 abr. 2013

¿Calentamiento global?


En la segunda mitad de los 50 era un adolescente. Por entonces me había aficionado a la lectura y devoraba cualquier cosa que cayera en mis manos, por supuesto también la prensa. Ciertos titulares leídos en aquel tiempo los he conservado en la memoria como se conservan olores, imágenes lejanas sin que sepamos muy bien por qué. Recuerdo con nitidez algunos que anunciaban la proximidad de un periodo glacial, dado que el clima se había recrudecido en la mitad del siglo y, según los cálculos de los paleoclimatólogos, ya tocaba una nueva glaciación, suponiendo que el ritmo  temporal de las anteriores continuara. Hoy no sólo se ha alejado tal perspectiva sino que se habla de calentamiento global.
Me consta que la amenaza actual de calentamiento se basa en observaciones científicas contrastadas; sin embargo, también fue resultado del estudio científico el hallazgo de los agujeros de ozono en ambos polos y su crecimiento paulatino, lo que se vivió durante años como una amenaza apocalíptica, pero hoy ya nadie habla de ello. Nos acostumbramos a sus pulsaciones invernales y estivales, mientras que sus variaciones interanuales resultaron ser, según parece, un espejismo causado por la falta de perspectiva temporal. Lo cierto es que en lo referido al clima, si bien se avanzó mucho en la comprensión de sus mecanismos y en la predicción del tiempo a corto plazo, su evolución a lo largo de siglos o milenios sigue siendo un misterio insondable, terreno de teorías a veces contradictorias. Ignorando las causas de lo que aconteció en el pasado ¿cómo vamos a proyectarlas en el futuro?
Sabemos que hace algunos millones de años los hipopótamos y otros ejemplares de fauna tropical pululaban en el espacio que hoy ocupa Hyde Park; en cambio, tiempo después, hace sólo unos decenas de milenios, los glaciares se asomaban al Mediterráneo; por último, escasamente unos siglos atrás, los normandos aprovecharon una excepcional bonanza que les permitió desembarcar en Groenlandia, entonces cubierta de pastos, utilizando una ruta más septentrional que la que hundió al Titanic y con unos barcos tan frágiles que hoy franquearían Gibraltar con problemas. De todo ello podemos deducir la seguridad de que el clima no permanecerá mucho tiempo en su estado actual haga lo que haga el hombre, aunque no sabemos por qué.
Hace 500 años que el español Ponce de León descubría Florida y, en seguida, un fenómeno geográfico de especial trascendencia: la corriente del Golfo (20 de abril de 1513). También fueron españoles los primeros en utilizarla incluyéndola en el camino de vuelta en la ruta de los galeones, lo que ahorró tiempo considerable y proporcionó seguridad. Hoy comprendemos que gracias a sus aguas cálidas el clima de Europa occidental es especialmente benigno para su situación en latitud: Lisboa, a la misma altura de Nueva York, posee un clima incomparablemente más dulce; Oslo, con la misma latitud que el extremo sur de Groenlandia, es, en cambio, perfectamente habitable; las costas de Noruega abiertas al Atlántico, no se hielan y sí, en cambio, las de Suecia de cara al Báltico.
La corriente del Golfo no sólo es más cálida que las aguas que transita sino que es más salina por lo que al adentrarse en el norte y perder temperatura se sumerge a causa de su mayor densidad, reiniciándose el ciclo. Según parece el calentamiento global puede arrojar al mar cantidades ingentes de agua dulce por el deshielo ártico y antártico y cambiar la salinidad de los mares con lo que el mecanismo podría paralizarse, según algunos estudios. Eso sin contar con la alteración en la circulación atmosférica que en la actualidad contribuye con fuerza a la corriente (vientos del O.) El resultado sería que la fachada O. de Europa quedaría expuesta a las temperaturas que le corresponden por su latitud, con lo que el calentamiento tendría para nosotros el efecto sorprendente y contradictorio de un recrudecimiento excepcional de las temperaturas. Una nueva edad del hielo para Europa.
Todo lo cual nos conduce a esta reflexión poco esclarecedora: si no va a hacer más calor es que va a hacer más frío. Y no es una conclusión tramposa sino más bien la prueba de nuestra incapacidad para predecir el futuro, ni siquiera en sus líneas generales.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Un gran artículo que sabe tratar sobre un tema en el que hay muchos intereses económicos en juego...y si para ello hay que manipular a la opinión pública = el fin justifica los medios!

Un cordial saludo
Mark de Zabaleta

Máximo Pretoria dijo...

jajaja!, como siempre muy bueno el artículo. Aunque algo de trampa sí que haces.
Un tema es el clima regional de Europa y otro el clima global. Que el clima del planeta se está recalentando es algo que ya no admite discusión, pues está respaldado por multitud de datos diferentes. Porcentaje de deshielo ártico en aumento, temperatura media global que ha marcado varios records seguidos en las últimas décadas, y concentración de CO2 que ha alcanzado las 400 ppm en menos de dos siglos de industrialización.
También es cierto, que las predicciones sobre lo que eso pueda depararnos en el futuro han sido tan variopintas como contradictorias. Un problema que atribuyo a la falta de datos. Solo hace 30 años que tenemos satélites climatológicos y supercomputadoras. Al ritmo que avanza el conocimiento del clima, en otros 30 años se podrán hacer predicciones mucho más realistas. ¡Esperemos que no sea demasiado tarde!