22 abr. 2014

Los dedos y los huéspedes

Desde hace algún tiempo las informaciones sobre el empobrecimiento progresivo del país suelen presentarnos la pobreza troceada: pobreza femenina, pobreza infantil... El asunto me llama la atención y no puedo evitar sospechas sobre alguna segunda intención oculta. Quizás como en otras ocasiónes es que simplemente los dedos se me antojan huéspedes, como solían decir los antiguos que no se manejaban demasiado bien con términos como paranoia,  conspiración o el híbrido de moda, que me resisto a escribir.


Hablar de pobreza femenina tiene sentido si admitimos que la igualdad de oportunidades tiene problemas con el género y que esto acaba produciendo un perjuicio extra para las mujeres. Pero ¿qué sentido tiene hablar de pobreza infantil si excluimos el impacto emocional, que también se puede haber buscado?

Hay sociedades en las que abunda lo que se ha dado en llamar “niños de la calle”. Son tristemente famosos los de las urbes latino americanas, pero están presentes en todo el mundo subdesarrollado. Ahí si está justificado el uso de la expresión y las instituciones, oenegés, especializadas en la asistencia infantil (Unicef, Save the Children…) la acuñaron porque era una necesidad. De hecho son un sector social marginal específico, que tiene sus causas y sus peculiares problemas.

En España, todavía, los niños de familias pobres (no existen los “niños de la calle” como problema social) están generalmente mejor que sus familiares adultos: están escolarizados, comen en la escuela y son objeto de otras ayudas específicas. Obviamente la situación es lamentable y es exigible una mejora en todas las acciones. Además hay bolsas de marginación que se resisten, con frecuencia por causas étnicas tradicionales (gitanos) o nuevas (algunos inmigrantes), pero nada de esto justifica el uso del concepto aquí.

Se me ocurren dos explicaciones al desparpajo con que se maneja para España: 1) los periodistas que lo hacen están mal informados,  han recogido el concepto de las oenegés sin ningún examen crítico y lo utilizan a tontas y a locas (que los informadores carezcan de información no choca a nadie que haya seguido aunque sea accidentalmente cualquier tertulia mediática de las que han proliferado como hongos en los últimos tiempos); y 2) bajo el concepto “pobreza infantil” subyace una actitud ante la pobreza en general que contempla como única solución, o al menos la más importante, la caridad.

En efecto, las oenegés que inventaron y difundieron el concepto practican la caridad, desde posiciones laicas y con estrategias racionales, pero caridad. Políticas auténticas de erradicación de la pobreza, que la superen, implican un compromiso ideológico que ponga freno a la polarización de la riqueza y a la explotación. Las carencias de los niños son una dolorosa manifestación de la marginación de sus padres, no una catástrofe natural. Así que, fragmentar la pobreza en sectores sólo crea confusión, camufla las causas y trabaja en beneficio del pensamiento único (liberal) que culpa, o responsabiliza, a los pobres de su situación, salvo a los niños o las mujeres a quienes sí se supone inocentes o enfrentadas a trabas de más difícil superación. Es el discurso liberal que sólo contempla como paliativo para las masacres del mercado la caridad a posteriori, siempre que sea privada, claro.

Aquí es donde viene aquello de los dedos y los huéspedes porque a lo mejor no tengo razón ¿O sí?

2 comentarios:

Lorenzo Garrido dijo...

Toda la razón, por supuesto. La caridad es un negocio más de los bienpensantes capitalistas. Un negocio más infame aún que los otros, si cabe.

Arcadio R. C. dijo...

El sistema convierte a todo en negocio o se elimina.
Saludos.