12 feb. 2016

El (sin)sentido común

La etimología nos proporciona a veces sorpresas, pero casi siempre revelaciones interesantes: ‘extravagante’ (raro, insólito) es un término que procede del latín tardío extravagans – antis, participio activo de extravagari, que significaba ‘andar errante por fuera de los límites’. Seguramente no hay un vocablo que se oponga mejor a la expresión ‘sentido común’, que precisamente se emplea para designar el pensamiento o la acción que está dentro de los límites de lo razonable, es decir de aquello que puede aceptar la mayoría en un momento y lugar determinado. Me detengo en estas dos locuciones por la reiteración con que algunas personas, que tienen por norma apropiarse del sentido común, se enfrentan a los pensamientos o soluciones novedosas con la repulsión que genera lo extraño e insólito, calificando a sus portadores de extravagantes. Rajoy es un caso de libro.


Identificar el criterio propio con el sentido común no es una muestra de humildad, pero tampoco de sentido común. Desde luego denota una flagrante ignorancia de los condicionantes de cualquier pensamiento: posición económica, pertenencia de clase, formación, intereses, creencias, sentimientos… Un complejo de tal envergadura que casi deja sin sentido al famoso sentido. Lo que es normal o razonable para un jornalero del sur no lo es en absoluto para un registrador de la propiedad, aunque sólo sea porque el jornalero se define por carecer de propiedades y el otro por ser el ungido funcionario que sacraliza la propiedad.

Cuando los límites son asfixiantes lo que se necesita es ‘andar fuera de los límites’ explorando el mejor sitio por donde romper los muros. Uno, porque ‘el sentido común’ no es universal, nada lo es, y dos, porque con él sólo vagaremos por el interior hasta la locura, pero nunca nos aventuraríamos a progresar, concepto que la derecha tiene atragantado, y que sólo acepta en la espuria acepción de hacer engordar su cartera.

El personaje que ocupa nuestro pensamiento y la presidencia del gobierno, aunque sea en funciones, tiene a gala reducir su programa al ‘sentido común’ y a ‘lo que hay que hacer’, identificando su punto de vista con un supuesto criterio mínimo universal y su acción de gobierno a la única que sólo podrían rechazar los ‘extravagantes’. Es un vicio de nuestra derecha que ha cristalizado a la perfección en Rajoy. Tal actitud lo único que demuestra es un pensamiento vacío, si eso es posible, y una apuesta radical por el inmovilismo. ‘Lo que hay que hacer’ con el programa del ‘sentido común’ es nada. Por eso su mejor líder ha sido y será el presidente fósil Rajoy.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy bien analizado...

Saludos