29 jun. 2016

Después de la lluvia

Europe after the rain

Cameron, siguiendo la tradición de los premiers británicos en los últimos trescientos años, no ha devuelto Gibraltar, pero puede haber regalado a Rajoy quinientos mil votos. El Brexit ha hundido la bolsa, ha relanzado la prima de riesgo, pero también puede haber hecho temblar la mano de votantes de Ciudadanos y de Podemos y conducirlas a opciones más tradicionales, cargándose de paso la credibilidad de los fabricadores de encuestas, la poca que conservaban. Si fuera cierto el regalo tampoco habría que agradecérselo porque no parece producto de su generosidad sino más bien de su estulticia. Entre paréntesis: para entender el comportamiento del primer ministro es muy recomendable releer Las leyes fundamentales de la estupidez humana, que Carlo M. Cipolla incluyó en aquel delicioso Allegro ma non tropo.


Es muy posible que el sábado de reflexión que los ingleses aprovechaban para empezar a darse cuenta de lo que habían hecho, aquí muchos votantes en capilla aprovecharan para buscar una candidatura que no les metiera en aventuras No podía ser otra: ¡Rajoy! Es muy posible que sea un político incapaz de sacarnos de casi ninguna parte, pero meternos en correrías… ¡eso sí que no! Para este dilema era la candidatura refugio ideal.

Seguramente habrá otras explicaciones pero a mí esta me gusta más. De paso, salva la cara a los sociólogos vendedores de encuestas y a los partidos, medios e instituciones que las compran. Un tinglado que tampoco conviene desmontar sin tener otra cosa que ofrecer a las criaturas que tiene allí el curro.

En todo caso me produce aburrimiento este ejercicio de buscar explicaciones al resultado de los comicios. Prefiero tratarlos como un fenómeno de la naturaleza y  otear el paisaje que nos queda después del suceso. Max Ernst pintó una Europa después de la lluvia que produce sensaciónes de catástrofe y desolación. Pueden ser los sentimientos de algunos que han visto frustradas sus esperanzas y lo han vivido hasta el llanto, no son los míos. Me he pasado años votando a IU por dos razones, o lo que sean: por nostalgia y porque no acababa de ver el Congreso sin un Pepito Grillo que recordara al PSOE en sus mejores y peores momentos que era mortal y que la izquierda seguía existiendo. No los voté en esta ocasión porque corría el peligro de verlos en el gobierno y, ademas, en compañia de la nueva pandilla. No me sentía con ánimo de afrontar la responsabilidad que me correspondiera por tal acción. Los prefiero con 71 diputados enseñando los dientes a cada rato y manteniendo la tensión entre los padres conscriptos. Quizás los vote la próxima vez si para entonces hubiera pasado el peligro.


1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente razonamiento...