16 jun. 2016

Volver a empezar

Como todo el mundo sabe el tiempo para los viejos corre de manera inclemente. Ayer mismo fui a una consulta médica en busca de alivio para la vagancia creciente de mis articulaciones y me encontré con que el médico, cincuentón de largo, había sido alumno mío en su adolescencia; salí con las rodillas en las mismas condiciones pero con un principio de depresión. Ítem más, no hemos tenido tiempo de cerrar la boca en la discusión sobre la necesidad de cambiar la ley electoral, cuando ya nadie recuerda que alguna vez se hablara de tal cosa. El argumento menor era que la habían hecho las Cortes franquistas de lo que se deducían toda clase de trampas alevosas; luego, mil y una invectivas contra la ley Dhont, las circunscripciones, las listas cerradas ¡qué se yo! Lo cierto es que todo el mundo, o casi, estaba en que era la responsable del blindaje del bipartidismo que, según parecía, era objeto de abominación universal. El caso es que las últimas elecciones han demostrado que sí se puede, con perdón, que bastaba con que la gente dejara de votar a los dos de siempre. ¡Tiene bemoles el asunto! ¡Si lo hubiéramos imaginado!


Pues a lo que íbamos, el tiempo corre tanto que estoy seguro de que antes de que cerremos la boca recuperados de la sorpresa con que nos dejó este asunto empezaremos a descubrir que todos los males que tiene la Constitución por vieja, mal redactada, mala intención de los ponentes, cambalaches de los partidos, ignorancia culpable de los que la aprobamos, etc., etc. desaparecen como por ensalmo si los que gobiernen tienen intenciones y proyectos distintos de los que han gobernado hasta ahora, que ya es tener…, quiero decir que ya es tener fe en que eso vaya a ocurrir. Como el pluripartidismo recién estrenado hará difícil la reforma veremos entonces cómo el rocoso texto estira y encoje como el chicle a tenor de los nuevos intereses. Y nos volveremos a quedar pasmados ¡Sí se podía!

Es más, como hemos demostrado que sí se puede ‒ya no pido perdón porque aunque la frase la haya expropiado Podemos nos pertenece a todos, incluidos empresarios terroristas‒ daremos un paso más porque Iglesias quiere y está a punto de demostrar que se puede volver al bipartidismo pero sustituyendo él al PSOE. Cerraríamos así el círculo vicioso o virtuoso, según perspectivas, y podríamos volver a empezar cuando al nene de la Bescansa le salga bigote y la ‘niña de Rajoy’ sea abuela, que está al caer. Es ley de vida, que diría la mía (mi abuela), aunque nadie la escuchara, enfrascados como estábamos en alucinantes descubrimientos.