30 sept. 2008

Lo sabemos todo...

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Conocemos la génesis de los acontecimientos, hemos leído, hemos oído, hemos contado mil veces cómo se han contratado las hipotecas basura y cómo han pasado al mercado financiero, actuando como un virus en un medio propicio; sabemos que una élite de ejecutivos irresponsables, pero que reciben sueldos millonarios, bonus fantásticos y ahora, cuando los echan por una gestión nefasta, indemnizaciones de decenas de millones de dólares por sus contratos blindados, han sido los responsables directos por su afán de obtener altísimos beneficios en el más corto plazo; estamos al corriente de que la burbuja especulativa fue posible gracias a la abundancia de liquidez, al dinero barato que inundó los mercados desde que se atajó la crisis de las punto com y de los tigres asiáticos con inyecciones de dinero público, tal y como se está haciendo ahora; nadie ignora que la política de dejar hacer de los gobiernos, impuesta por una minoría de capitalistas jaleados por supuestos sabios de la ciencia económica, ha creado el caldo de cultivo necesario para la catástrofe. Todos sabemos que el desmoronamiento del sistema financiero significa la escasez del crédito y éste el freno de la producción, el paro, los déficit en las haciendas públicas, la reducción o desaparición de las políticas sociales y la miseria.


Se me dirá que, con las variantes propias de los tiempos, todas las crisis se parecen como gotas de agua. Es cierto. Sin embargo, una diferencia clara de la actual sobre las precedentes es que ahora todos lo sabemos todo. En las anteriores los que sufrían las calamidades de la depresión sólo conocían sus efectos. Hoy, por algo estamos en la sociedad de la información, la gran mayoría también conocemos las causas, el desarrollo, los responsables y en cierto modo podríamos predecir las catástrofes que generará. Es más, en otros tiempos sólo podíamos comunicar nuestras ideas, nuestras frustraciones, nuestros deseos a los que teníamos en nuestro entorno físico o, más lejos, utilizando el cauce de partidos, sindicatos u otras asociaciones similares, que a su vez imponían las limitaciones que les convinieran; hoy vivimos la revolución de la información, de la que este medio es ejemplo, y la comunicación no tiene límites. Sin perder un ápice de nuestra individualidad podemos estar al corriente, informarnos exhaustivamente y tomar decisiones prestando nuestro concurso a aquellas acciones que nos interesen.


Estoy convencido (¿será otra ingenuidad?) de que si la crisis, como parece, empieza a sentirse con dureza y se prolonga meses, quizás un año o más, se van a ir generando respuestas, primero localizadas, pero después globalmente, que pueden también ser muy contundentes. Hemos visto ya dos guerras mundiales, una economía global, la crisis global ¿veremos quizás la revolución global?


Siempre he tenido la tonta manía de pensar que el futuro será mejor, porque... otro mundo es posible.

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