13 ene. 2014

¿Mujeres o hembras?

En el ámbito rural, la generación anterior a la mía usaba con frecuencia “hembra” y “macho” (los hombres a veces eran "varones") para designar a las niñas y niños que una madre había engendrado (“he tenido tres hembras y un varón”). Quizás la costumbre era producto de la convivencia con los animales domésticos. Lo cierto es que esos términos hacen referencia al sexo de los animales, entre los que se incluye al hombre. Pero para los seres humanos la lengua tiene términos específicos: mujer y hombre o varón porque hombre se usa como genérico de la especie sin distinción de sexo o género; niños y niñas, etc.

¿Qué diferencia a una hembra de una mujer? Justamente lo que va de un animal a un ser humano. El hecho de que la mujer, como humana, es un sujeto moral. Y eso ¿qué significa?


Bajo el epígrafe La persona humana como sujeto moral encuentro lo que sigue en un viejo manual escolar:
 «Los seres humanos poseemos unas características especiales […]. A) la conciencia: […] hace que cada uno de nosotros sea único e irrepetible. En ella, residen nuestras vivencias y está ligada a nuestra personalidad. […] con la auto-consciencia: no sólo hacemos las cosas, sino que nos damos cuenta de que las hacemos y las enjuiciamos según nuestra escala de valores. B) la libertad: es la capacidad de elección. […]. C) la responsabilidad: […] Si somos libres y no estamos condicionados a actuar de una manera determinada, entonces somos responsables de nuestra conducta.  D) la inteligencia: es la capacidad o facultad de resolver problemas de concebir proyectos y de descubrir valores. […] también influyen en ella las emociones y los sentimientos. E) la dignidad: esta característica está asociada al respeto que toda persona merece por el hecho de ser sujeto y no objeto. Con independencia de su estatus social o de su nivel cultural, como personas, todos tenemos el mismo valor.»
Una ley como la que se ha gestado en las covachuelas del ministerio de justicia atenta directamente contra las características que distinguen a una mujer de una hembra: ignora la conciencia; limita gravemente la libertad; excluye la responsabilidad; minusvalora la inteligencia; desprecia la dignidad.

No es de recibo una moral que infravalore en su condición humana a la mitad de la población. No se entiende que tenga eco en la sociedad de hoy si no  se explica que tiene su origen y su más sólido sostén en la iglesia, que, mal que nos pese, todavía campea por estos pagos.

No es de recibo que la iglesia sostenga esta aberración aduciendo el derecho a la vida cuando en la última edición de su catecismo (ítem 2266) todavía mantiene la licitud de la pena de muerte.

No es de recibo que el ejecutivo de un país democrático y, por tanto, supuestamente laico se deje guiar en su labor de gobierno por una moral sectaria.

Si hubiera una más nítida separación de poderes cabria esperar que el parlamento la desechara. No será así. Como Dante leyera en el frontispicio de entrada al infierno, entre líneas, podemos leer nosotros a la espera del debate: Lasciate ogni speranza (Abandonad toda esperanza).

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Un artículo verdaderamente brillante!

Enhorabuena.
Mark de Zabaleta

jaramos.g dijo...

Leído y requeteleído.