2 ene. 2014

La revolución y la conciencia

La crisis ha tenido un efecto político curioso pero esperado por repetido históricamente: que los ciudadanos de las democracias europeas han preferido hacer frente a los malos tiempos votando a la derecha, a pesar de que todo el mundo sabe que esta opción distribuye peor que la izquierda. Pareciera que en éstos casos importa menos la justicia social, o que la solidaridad se manifiesta con más dificultad. Crecen las acciones de caridad pero disminuyen las acciones políticas igualitarias, precisamente cuando más claramente se manifiesta su necesidad. La explicación no es política, ni siquiera económica: es una falacia, que ni me molesto en justificar, que en la crisis haya que ahorrar encogiendo las políticas redistributivas.


La clave puede que esté en la psicología social. La confirmación me llegó del artículo de F. Esteve en El País de hoy (2/1/2014) “El alma de los pobres”, en el que muestra como los desfavorecidos manifiestan más tolerancia y deferencia hacia los poderosos que a los de su misma condición, con los que son más intransigentes y agresivos. En tiempos difíciles, como los que vivimos, nos planteamos con demasiada facilidad si acaso los pobres, los que están a nuestro nivel o por debajo de él, son realmente merecedores de una política que los beneficie. Al tiempo toleramos políticas favorecedoras del sector privilegiado con la estúpida escusa de que puede que lleven razón los que afirman que redundará en beneficio de todos. Y eso tan sólo por la necesidad que evidencia nuestro yo de no sentirse identificado con los de la cola. El sentimiento es tan fuerte que parece que lo compartimos por lo menos con los chimpancés, lo que quiere decir que marca nuestra conciencia desde antes de que pudiéramos llamarnos hombres.

Los teóricos de la revolución social, que han liderado intelectualmente todo movimiento progresista desde el XIX, prácticamente no tuvieron en cuenta el factor psicológico (aunque hubo una aproximación entre alguna escuela psicológica y el marxismo a principios del XX lo cierto es que no se desarrollaron ni se difundieron sus logros suficientemente). Si se hubiera hecho quizás ahora no estaríamos perplejos ante la evidencia de que la consolidación y la permanencia de la democracia no ha garantizado, ni mucho menos, unas políticas netamente favorecedoras de las mayorías, siempre situadas en los niveles bajos, en contra de lo que la lógica más elemental afirmaría.

Seguramente el fracaso de la socialdemocracia radique ahí, en el hecho de que dar el poder efectivo del voto a todos no garantiza políticas progresistas en cualquier situación, sino sólo en casos de bonanza económica. Y el obstáculo no estaría en la “traición” de los políticos (como pensamos con tanta facilidad) sino más bien en los recovecos de nuestros cerebros, por los que tantas veces se nos extravía la conciencia.

Al final puede resultar que el “Conócete a ti mismo” (Gnozi seautón) grabado en el templo de Apolo en Delfos, según nos cuenta Pausanias, va a ser la propuesta más revolucionaria. Nada me extrañaría.

4 comentarios:

jaramos.g dijo...

Buen año tengas, amigo mío. Tu artículo creo que se sitúa en un terreno arriesgado por lo resbaladizo del sendero. Modestamente, así me parece. Porque las asignaciones netas de tal o cual línea de actuación a las izquierdas y a las derechas roza la simplificación. No veo yo que, en España al menos, los comportamientos de los que se denominan progresistas y los de los conservadores se correspondan con las declaraciones de sus respectivos credos ideológicos. Eso por una parte. Por otra, lo que nadie puede negar es que los dos períodos de gobierno socialista han terminado muy mal en lo que se refiere a la economía (muchos dicen que por ser malos gestores: bueno, dejémoslo ahí), mientras que el único gobierno del PP que concluyó, acabó bastante mejor en ese aspecto. En tercer lugar, intuyo que si el PSOE estuviera ahora en el poder no haría cosas muy diferentes a las que esta realizando el PP, al menos en lo básico, aunque, eso sí, con otro estilo y más alegrías en el gasto. Un cordial saludo.

Arcadio R. C. dijo...

Amigo Jaramos haces una buena entrada de año después de tanto tiempo desaparecido. Bienvenido y feliz año.
Más que rozar la simplificación yo diría que es así de simple. Por definición la izquierda distribuye mejor. Los que no lo hagan no son de izquierdas. Ya sé que la gente de derechas no se encuentra cómoda utilizando estos términos, les da dentera, como el de progreso que suelen confundir con crecimiento, pero eso es otra historia.
También es otra historia el análisis histórico que haces olvidando que las dos crisis económicas con las terminaron esos dos periodos no fueron precisamente españolas. El gran gestor del periodo Aznar salió esquilado del FMI por su gestión, casi tan brillante como la que desarrollo en Bankia. Una prenda el hombre. ¿Tiene muchos de esos la derecha?
Saludos cordiales.

jaramos.g dijo...

Ahora veo que entendí mal el término "distribución" o "distribuir", que igualé con "gestión", "gestionar", pese a que tú lo empleste -creo- con el sentido de "reparto más igualitario de los gastos", con más sentido social. Admito mi error, que sin embargo no debilita -creo- mi argumentación. Lo mismo que admito mi desconocimiento de cuestiones que tú dominas, razón por la cual me mantengo posiblemente como uno de los más fieles lectores de este blog. Me atrevo no obstante a preguntar: ¿no constituye un hecho probado que la mala actuación de Zapatero hizo más grave la crisis en nuestro país y más lenta y difícil la solución? Salud(os).

Arcadio R. C. dijo...

Como sabes, y él mismo reconoció, Zapatero era ignorante en economía y, aparte la osadía que supone disponerse a gobernar en esas condiciones, yo desvío gran parte de la responsabilidad a sus dos ministros de economía Solbes y Salgado, ninguno de los cuales merecen el calificativo de socialistas. Obviamente no lo hicieron bien.
No sólo eres uno de mis más fieles lectores sino uno de los poquísimos que lo hacen, lo que seguramente merezco por mi horroroso don de gentes. Tu presencia en este blog es muy querida, lo que me fastidia es que no seas más de mi onda. Pero ¿qué hacerle? ya me dijeron de pequeño que teta y sopas no puede ser.
Un abrazo.