27 abr. 2015

Preferencias

No lo puedo evitar, a mí Bárcenas me cae bien. Quizás tenga todavía grabado en algún pliegue de la conciencia aquello tan subversivo: «Bienaventurados los que sufren persecución de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos» (el desprestigio de las instituciones viene de lejos). Por muchas vueltas que le dé no veo en él más que a un militante fiel que prestó su nombre para guardar bajo siete llaves y con riesgo de su integridad jurídica la pasta que el partido lograba con trapacerías inconfesables. Si, descubierto el pastel, todos dicen «eso no es nuestro, lo habrá robado Luis el Cabrón» (alias cariñoso que le daban sus compis) ¿quién puede reprocharle que intente quedárselo aunque tenga que pasar a la sombra una temporada? Y si a alguien le parece demasiado que además del reino de los cielos se quede con  una bonita propina que se lo haga mirar, lo mismo es envidia y se está ganando un huequecito en las calderas de Pedro Botero.


Según la sabiduría popular (la de la gente, no la del PP) quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Hay mil ejemplos de que no basta con ser ladrón para ser un malvado, ¿quién no recuerda las andanzas de Robin Hood, o para ser castizos, del bandido Zamarrilla, protegido nada menos que por la Stma. Virgen, del Tempranillo, Curro Jiménez, etc., etc. No descarto que algún bisnieto o tataranieto de los que leen esto se emocione tal vez al oír o leer de Luis el Cabrón. Los contemporáneos no suelen captar fácilmente la poesía o la grandeza que encierran los sucesos cotidianos, pero con el tiempo sacan brillo, como es sabido. La historia es justiciera.

Normalmente una persona es un batiburrillo bioquímico aliñado con un poco o mucho de mala uva y otros aderezos de diferente signo y sabor, pero resulta que para efectos legales la química no cuenta, las personas son físicas o jurídicas. En el primer caso no hay problema, si cometen un traspiés van al talego, caso Bárcenas; las jurídicas son otro cantar, ahí ya vemos divagar a fiscales y jueces que difícilmente acaban por encontrar responsables, caso del PP, en el que, faltaría más, ni la secretaria ni el presidente tenían ni idea de lo que hacía el contable ¡No se puede estar en todo! Además, ¿para qué se inventó lo de las personas jurídicas?

No hay personas metafísicas para los tribunales si no Rato, otro ilustre pepero, habría encajado en esa figura a la perfección; de hecho sus afines lo habían elevado a los altares en vida, como los antiguos emperadores romanos (deus Rato). Será por esa afinidad con el Olimpo que tenía sus pecadillos como las antiguas divinidades, sin complejos, por supuesto, como cuadra a su condición. Sin embargo, puesto que los tribunales son impíos, lo van a tratar como persona física, igual que a Bárcenas el pícaro mortal. No hay que escandalizarse, es ya un clásico que jueces humanos encausen a personas divinas.

Todo eso está muy bien y hasta puede que me castiguen los dioses, pero yo, que estoy contento con esta orgía jurídica y que tampoco trago con las empalagosas excelencias celestiales, si pudiera echar una mano a alguno escogería al Cabrón. Para gustos colores, o sea, de gustibus non disputandum (también yo puedo ponerme divino).

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy buen artículo.
Como dijo Molière: "Ningún hombre es tan bueno, que, al ser expuesto a las acciones de la ley, no sería condenado a la horca por lo menos diez veces"...

Saludos