2 may. 2016

Eficiencia e igualdad


Todo apunta a que igualdad social y eficiencia económica son valores inversamente proporcionales. A mayor igualdad menor eficiencia y viceversa. La ciencia económica parece no tener dudas al respecto, aunque haya muchos que pongan en duda que tal disciplina sea una ciencia y que los supuestos científicos que la practican se pongan alguna vez de acuerdo en algo. Pero, hagamos la gracia al lector de pasar por alto tan aviesas críticas. La cuestión no sería pues intentar la cuadratura del círculo luchando por la eficiencia y la igualdad simultáneamente y con igual intensidad, lo que sólo nos llevaría a la melancolía, sino optar por una o por otra como objetivo prioritario.

Resulta que una economía desregulada y flexible parece conducir a mayores grados de producción y competitividad, mientras que los esfuerzos por distribuir la renta y generar igualdad exigen un intervencionismo que se convierte en maliciosas interferencias en los sutiles mecanismos del mercado. Todos sabemos, no por un análisis teórico sino por haberle echado un vistazo a la realidad, que la Unión Soviética y los demás países del socialismo realmente existente, que se decía entonces, colapsaron a finales del XX porque su ineficiencia económica había llegado a un punto insostenible. Mientras los capitalistas se adaptaron a las exigencias de la Guerra Fría y hasta sacaron provecho de ella, los del otro lado del telón cayeron en el desabastecimiento, el dislocamiento de la oferta y la demanda, y en rigideces paralizantes por una excesiva burocratización, el colmo de la ineficiencia. El caso de Venezuela proporciona un ejemplo más moderno y de más rápida evolución, a ritmo caribeño.

Si la conclusión del primer párrafo fuera cierta y nuestra conciencia se situara en ese ámbito que hemos convenido en llamar izquierda, no habría más que optar por la igualdad, haciendo esfuerzos por que no se nos desmandara la ineficiencia por regulaciones excesivas o torpes, si ello fuera posible; y punto pelota. Esto, que visto sobre el papel parece de cajón, no debe habérsele ocurrido a mucha gente o no debe ser tan fácil porque si hemos de buscar quien lo practica no encontramos modelos puros más que entre los escandinavos. Hay allí una sabia mezcla de desregulación y protección social combinadas con altos impuestos que ha dado excelentes resultados.

USA y UK han optado por la desregulación y la libertad con lo que la eficiencia es altísima pero también la desigualdad, sólo mitigada por un nivel de empleo alto. Otros países, mediterráneos, algunos americanos, etc., se han quedado con lo peor de ambas opciones: densa regulación y poca protección, lo que conduce a la ineficiencia, el paro y la desigualdad. Europa centro (Francia, Alemania…), además de en la geografía, también está centrada en esto; precisamente España intenta desesperadamente, con resbalones, tropezones y vacilaciones integrarse en esta situación, a la que toca pero no alcanza plenamente.

Las posiciones ideológicas y apriorísticas, más regulación/fuera regulación, colocan la idea en cabeza de la marcha: malo, desembocaremos en la desigualdad o en la ineficiencia. El que quiera ser escandinavo opte por los resultados como acicate, para lo que habrá que buscar inspiración en las experiencias exitosas ‒la mejor relación igualdad/eficiencia, cuya clave parece estar no en la desregulación, la protección o los impuestos, ni siquiera en la combinación de los tres, sino en que la mezcla sea sabia‒, y hagase la traducción necesaria, que ya es bastante tarea y delicada.

Los entramados ideológicos que tengamos en la cabeza nos deleitan con dulces utopías o, si están en los demás, inquietan con oscuras distopías, pero siempre, siempre nos levantarán los pies del suelo… y no tenemos alas. Hay que manejarlos con cuidado.


3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Bien tratado...

Carlos F. Asís Campos dijo...

Magnífico análisis.

Manuel Reyes Camacho dijo...

Has hecho un análisis genial, me encanta.