14 mar. 2009

Pensando, pensando...

Cada mujer en Francia tiene por término medio 2.1 hijos, cada mujer en España 1.37, pero si tenemos en cuenta que aquí la inmigración, que es muy reciente, supera con mucho esa cifra, el dato final neto para las conciudadanas nos queda aún más endeble; es evidente que en el primer caso el reemplazo generacional está asegurado, no así en el segundo, o sea, en el nuestro. Hasta aquí la noticia.

Desde el punto de vista de los españoles de los años 60, imbuidos del espíritu del nacionalcatolicismo, Francia era un país en franca (nunca mejor dicho) decadencia. Aunque más potente demográficamente que España hacía tiempo que su crecimiento se había detenido por una natalidad raquítica, apunte premonitorio de un futuro dramático. Una moral peligrosamente relajada y un absurdo y pecaminoso desprecio por la familia eran, a ojos de “la reserva moral de occidente”, las causas de un desastre anunciado y más que merecido.

Cincuenta años después, dotados todavía con cerebros en aceptable estado, aquellos que entonces éramos jóvenes, leemos en la prensa la noticia que abre esta reflexión y quedamos perplejos. ¿Por qué Francia no acabó precipitándose, como estaba previsto, por el despeñadero de la degeneración ética y de la descomposición demográfica? ¿Por qué España que deslumbró con la potencialidad de su baby boom, producto, sin duda, de recias virtudes raciales, ha acabado en el culo de las estadísticas? ¿Será que mientras ellos, conscientes de su error, nos imitaban en silencio, nosotros, erróneamente atraídos por el espejismo de la buena vida, les copiábamos a ellos? Si así hubiera sido ¿Por qué no nos encontramos a mitad de camino y no esta humillación de la goleada… otra vez… pero en sentido contrario?

No entiendo nada ¿Será el alzheimer? (consultar síntomas).


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