3 nov. 2008

El primer martes después del primer lunes...

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No puede uno escapar de la actualidad aunque lo deseemos con ardor. He conseguido escabullirme de momento del novio de Falete o de las opiniones de la reina, aliñadas por el opusdeismo militante de la Urbano, pero ya veis, he caído con las elecciones USA. Bueno en realidad sólo las voy a utilizar como excusa.


Llama la atención este precepto que pongo en el título de la entrada y que sitúa temporalmente el evento. Naturalmente no es un capricho o, como he leído por ahí, que los norteamericanos son retorcidos. Hay que situarse a principios del XIX, que es de cuando data la norma, para entenderla plenamente.


En primer lugar en EE.UU. es posible fijar una fecha para las elecciones porque el presidente no depende de las mayorías parlamentarias –hay una completa separación entre los poderes legislativo y ejecutivo–, así que el ejercicio de su gestión está asegurado por los cuatro años. Y puestos a señalar un tiempo de comienzo de un mandato lo lógico es pensar en primeros de año, ese es el momento en que los presidentes toman posesión. Pero para que eso fuera así era necesario que el proceso de elección hubiera terminado un par de meses antes para dar tiempo al elegido a trasladarse de donde viviera a Washington e instalarse con su familia sin tener ya más preocupaciones que las propias de su nuevo cargo. En el XVIII nada era tan fácil y rápido como hoy. Por otra parte, en noviembre ya han concluido todas las tareas agrícolas, lo que permitía, sin daño para sus intereses, que todos los ciudadanos participaran en el proceso. Que fuera el martes estaba justificado porque los granjeros tenían que desplazarse a veces muchas millas para votar, lo que podía obligarlos a salir el día anterior; si era el lunes tendrían que salir el domingo, día dedicado al Señor; evidentemente el mejor era el martes. Por las mismas fechas, en España el problema de las distancias llevó a los legisladores que organizaron la división territorial en provincias a que cuidaran de que la capital de cada una quedara al alcance de un viaje de un día, más o menos. Pero el martes no debería coincidir con el día 1 –por eso se dice, después del primer lunes; así, como mucho, sería el 2– porque los primeros de mes se cerraban las cuentas de todos los negocios y se quiso evitar una posible incidencia de la economía en las elecciones ¡Si levantaran la cabeza!


Todo esto ocurre porque la constitución americana es la misma de que se dotaron los estadounidenses en 1787 al instituir la Unión. Es la primera constitución escrita de los tiempos modernos y nunca fue abolida. Desde el punto de vista del continente europeo esto es insólito, dada la agitadísima historia constitucional de nuestros países –España tuvo diez constituciones desde 1812, algunas abolidas antes de ser aplicadas–. Cómo es natural el ser tan vetusta la hace venerable, pero también a veces sus preceptos, o los que se derivaron de su desarrollo, nos pueden parecer anacrónicos y sin sentido para los ciudadanos de este tiempo.


En todo caso es ejemplar y digno de admiración que un sistema político haya alcanzado un grado tal de estabilidad, sólo comparable con el Reino Unido, donde, curiosamente, no existe una constitución escrita.
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IMAGEN: Firma de la Constitución. De pie, a la derecha, Washington. Sentados, al centro, Hamilton, Franklin y Madison. Oleo de Luis G. Glanzman, lndependence Hall.

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