26 dic. 2008

El Calendario Republicano

Completaré mi anterior entrada, que era una crítica al collage, que llamamos calendario gregoriano, con la descripción del intento más hermoso, poético y ajustado a la razón de secuenciar el tiempo astronómico de cuantos han existido: el calendario republicano.
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En 1793 la Convención Nacional (I República) encargó a Charles-Gilbert Romme, introductor del culto a la Razón y responsable del Comité de Instrucción Pública, la elaboración de un calendario que rompiera con los vínculos que el gregoriano mantenía con la Iglesia y estuviera basado en la razón. Para ello se contó con matemáticos como Lagrange –padre del Sistema Métrico Decimal, cuya implantación también se debe a la Convención– y Monge; poetas como d’Églantine, responsable de los hermosos nombres de sus elementos, pintores, etc. El resultado de los trabajos fue aprobado por la Convención en octubre de 1794.

Constaba de 12 meses de 30 días, más cinco de fiesta (seis los años bisiestos) que se agregaban a final del verano, que también lo era del año (días de la Virtud, del Saber, del Trabajo, de la Razón, de la Gratitud y de la Revolución). Cada mes constaba de tres décadas, periodos de 10 días (la base del sistema de numeración y del Sistema Métrico es el 10): Prímidi, Dúodi, Tridi, Quártidi, Quíntidi, etc., el décimo, Décadi, era de fiesta. Los nombres de los meses respondían a la naturaleza y las tareas agrícolas: Vendimiario, Frimario, Brumario, Nivoso, Pluvioso, Ventoso, Germinal, Floreal, Pradial, Mesidor, Termidor y Fructidor, que, como se ve, cambian los sufijos en función de la estación. El año comenzaba el 1 de Vendimiario (22 de octubre), equinoccio de otoño y día en que se proclamó la República, con lo que se situaba en un acontecimiento astronómico relevante y se adaptaba mejor el año a las tareas agrícolas, docentes y otros ciclos de la vida corriente; si hacemos abstracción de las fiestas de fin de año tenemos mayor sensación de empezar un ciclo al final del verano, que al final de otoño.

El sistema de corrección de los bisiestos, que fue la gran innovación de la reforma gregoriana, es más preciso y simple ya que sólo acumula un día de error cada 40000 años en lugar de los 3226 del gregoriano, a base de suprimir un bisiesto cada 128 años e introducir el 0 en el cómputo de los años.

Más preciso, más racional, más funcional, sin interferencias de ninguna religión y hasta con evidente toque poético, el calendario republicano se muestra como una de las grandes reformas de la Convención: Sistema Métrico Decimal, que superaba el caos imperante con la enorme variedad de unidades y sistemas distintos en cada comarca; laicidad del Estado y supresión de los cultos públicos, que liberaban a la sociedad de la tutela de cualquier iglesia; nueva división territorial en Departamentos que introducía la racionalidad y la funcionalidad rompiendo el mosaico caótico heredado del feudalismo –en España la división provincial es su heredera y tan acertada que ha perdurado hasta nuestros días.

El nuevo calendario funcionó bien en Francia, pero surgieron dificultades al mantenerse el gregoriano en el resto de Europa. Ya bajo Napoleón un senadoconsulto de 22 de fructidor del año XIII (9 de septiembre de 1805) decretó que fuese abandonado en el 10 de nivoso del XIV (31 de diciembre de 1805) y sustituido por el gregoriano el 1 de enero de 1806.

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IMAGEN: La Marianne de Jean-Marie Poisson

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