2 dic. 2008

Escritura maya y piromanía eclesiástica

"Usaban también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con ellas y figuras y algunas señales en las figuras, entendían sus cosas y las daban a entender y las enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del Demonio, se los quemamos todos, lo cual sentían a maravilla y les daba pena."
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Con estas escuetas, crueles y elocuentes palabras narra Fray Diego de Landa, obispo de Yucatán, uno de los actos más atroces en el programa de aculturación que aplicó sin vacilar la Iglesia en la conquista y colonización de América, el auto de fe de 1562 en Maní, en el que él mismo ordenó la quema y destrucción de gran cantidad de códices mayas que contenían una buena parte de los logros culturales de una de las más refinadas civilizaciones de América. El celo incinerador, tan querido por nuestra Santa Madre Iglesia, fue continuado por otros clérigos hasta mediado el siglo siguiente, en el que tuvo lugar el último acto en Guatemala. No es que entonces se decidiera rectificar, es que ya no quedaba qué quemar. La destrucción fue tan completa -la eficiencia de la Iglesia en tales tareas es inigualable- que sólo se salvaron de la hoguera tres códices que hoy se encuentran en Madrid, París y Dresde. En época reciente ha aparecido un cuartodenominado Grolier que presenta dudas de autenticidad.

Los códices son verdaderos libros (largas hojas que se plegaban como un acordeón), fabricados en un papel que se obtenía de las cortezas de algunos ficus y que tenía mayor consistencia que el papiro. Contenían imágenes y texto en una escritura que hasta hace poco se consideraba ideográfica, como los jeroglíficos egipcios; sin embargo muy recientemente se ha descubierto que era un sistema mixto, básicamente silábico, lo que está permitiendo descifrar los códices existentes y los textos grabados en piedra, madera o en cerámica, ya que aún sobreviven algunas de las lenguas en que fueron escritos.

Lo curioso es que el propio Fray Diego de Landa, ya en su madurez, quizás impulsado por la mala conciencia de lo que había hecho, se dedicó al estudio de la cultura maya y hasta compuso una tabla con la equivalencia en nuestro alfabeto de los glifos (signos) mayas. Su obra, Relación de las cosas de Yucatán, se perdió, hasta que en el XIX se encontrara una copia en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid. De cualquier forma, su aportación cayó en el olvido pues entonces se tenía la idea de que la escritura era de carácter ideográfico, se pensó que el obispo había errado. Hace tan sólo un par de décadas los esfuerzos de los investigadores empezaron a dar fruto y curiosamente Diego de Landa y su trabajo se convirtieron en una especie de Champolión y de piedra de Rosetta, aunque en tono menor.

El episodio muestra en una misma persona las dos caras que la Iglesia ha mostrado a lo largo de la historia: el lado oscuro del fanatismo y la intolerancia que genera crimen y destrucción; y el lado luminoso, como creadora y transmisora de cultura. El problema es que la segunda no compensa a la primera.

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ILUSTRACIÓN: Un tzib (escriba maya) en la tarea de escribir en un códice.

Una página con gran información sobre la escritura maya es la de FAMSI (Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos. Inc)

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