31 mar. 2014

La desigualdad que viene

El efecto más irritante de la crisis es el crecimiento de la desigualdad. Al tiempo que decrecen los ingresos de la inmensa mayoría (por la disminución de la actividad, el encojimiento de salarios y prestaciones sociales y el aumento disparatado del desempleo) aumentan los ingresos de una aristocracia del dinero, una exigua minoría de gestores de las grandes empresas y potentados de las finanzas; en suma, una polarización de la riqueza, a contrapelo de lo que habíamos creído que era la tendencia natural del progreso, en cuyas claves nos juzgábamos ya versados.


La gráfica que sigue ha sido elaborada por el economista Thomas Piketty de la Univerdidad de Harvard. Representa la evolución de la desigualdad en EE.UU de 1910 a 2010. Procediendo de un nivel medio alto en la primera década del siglo alcanza una cumbre (50%) en torno a los años treinta. Se produce después un descenso de la desigualdad que crea un largo valle que va desde finales de la guerra (2ªGM) hasta los años 80, periodo dominado por las políticas keynesianas. A partir de 1981 el neoliberalismo comienza a imponerse (Reagan 1981/89) y la curva emprende un nuevo ascenso de tal modo que  en 2010 ya se han conseguido y superado las tasas de desigualdad de los años treinta.


El estudio (glosado en “Desigualdad y democracia” por G. Gordillo, La Jornada, México, y reproducido en su blog en la lengua original) pone de manifiesto que no se trata de un fenómeno exclusivo de EE.UU., sino que, con las variantes de rigor, es extrapolable a cualesquiera economías del capitalismo avanzado. En Europa la caída de la desigualdad fue más fuerte, especialmente en los países nórdicos y Reino Unido y la remontada de los 80 igual de contundente (Thatcher).

No podemos, pero si fuera posible prolongar la curva hacia atrás veríamos (palabra de historiador) que se mantendría siempre en valores altos nada menos que hasta los albores de la historia en que los estados se fueron construyendo sobre las ruinas de las organizaciones tribales. Pero necesitaríamos la palabra de un profeta o vidente para saber cuál sería su proyección en el futuro. Por eso, siempre nos quedará la duda de si los casi 40 años de record en la igualdad (1945 a 1981 aproximadamente) son una conquista definitiva que reaparecerá tras la crisis o, si por el contrario, son una anomalía en la historia de la humanidad, aun proyectada al futuro.

Tenemos precedentes muy inquietantes. El fenómeno de la democracia griega (ateniense) fue un relámpago de 40 años de duración más o menos (allá por el S. V a.n.e.) que desapareció sin dejar rastro y no volvió a resurgir, transformado en nuestras democracias representativas de hoy, hasta bastante más de dos mil años después, un larguísimo eclipse durante el que fue considerado desde una rareza exótica a una perversión política.

¿Ocurrirá lo mismo con nuestro frustrado siglo de la igualdad?

1 comentario:

Lorenzo Garrido dijo...

Excelente artículo. Después de la democracia griega vino un largo periodo de esclavitud. En esas estamos, la esclavitud asoma a las puertas del hombre 'civilizado'.